El resumen de la semana #En140Segundos

Esta semana conocíamos el acuerdo entre Turquía y la UE, el mensaje oficial es frenar la trata de personas, el trasfondo controlar el flujo de inmigrantes y evitar la crisis fronteriza que viven los 28. De esta manera se controla el paso de refugiados y Turquía recibirá dinero, y sobre todo, ventajas para su futura integración en el club europeo. El cierre de fronteras rompe los principios en los que se asienta la construcción europea: la movilidad de las personas y vulnera Leyes y tratados como la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención de Ginebra, el Convenio Europeo de Derechos Humanos, el Protocolo de Dublín, la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, la Convención de la ONU sobre el Derecho en el Mar, etc. Y por supuesto, la propia Constitución de cada país miembro de la UE, donde se desarrollan los derechos de los solicitantes de asilo.

Actualmente el “territorio seguro” de Turquía apenas ubica a una décima parte de los tres millones de refugiados en los 25 campamentos oficiales establecidos por el Gobierno. Nada se comenta en el texto del acuerdo sobre la construcción de nuevos campos, ni de establecer “rutas legales y seguras para que no tengan que jugarse la vida en el mar”, como reclaman desde la mayoría de las ONGs que trabajan con refugiados sobre el terreno.

Así, los protagonistas esta semana vuelven a ser los refugiados y especialmente los niños, imágenes como la del cadáver del pequeño Aylan o las de los niños famélicos de Ramadi destapan la terrible situación que viven los sirios.

6 millones de refugiados, más de 300.000 muertos en los combates,  4,5 millones de niños de los que más 250.000 están enfermos o desnutridos, que desarrollan sus primeros años de vida acunados por el sonido de los bombardeos y cuyo futuro está amenazado por una existencia llena de carencias: de alimentación, de medicinas, de agua potable. De infancia. De cada cien muertos que deja tras de sí un ataque, 27 son menores. La paradoja es que apenas a unos kilómetros la ayuda humanitaria se almacena sin que se pueda repartir algo que denuncia Save the Children a través del informe “Infancia bajo asedio” elaborado por ellos.

En la otra cara de la moneda, el grupo terrorista Daesh continúa ganando terreno en el Mediterráneo Oriental y poco a poco se va expandiendo por Libia, Siria, Yemén, Irak, Afganistán y también Túnez.

En el último atentado, hace unos días, murieron más de 50 personas en Ben Guerdan, ciudad limítrofe con Libia. Pero quizás los que más se han hecho notar fueron los atentados terroristas protagonizados en el ‘Museo del Bardo’ en la capital, con una veintena de muertos entre los que había turistas, y el que hubo en un complejo hotelero en Susa, que se saldó con casi 40 fallecidos.

Los datos facilitados por International Crisis Group subrayan que en torno a cuatro mil tunecinos se han enrolado en las filas del Daesh en Irak y Siria y en los grupos afines al califa Bakr al-Baghdadi en Libia. Eso sin contar los dos mil radicales presos en las cárceles de Túnez y el cerca del millar que opera libremente por el territorio. Hasta ahora, Túnez representaba, sobre todo, la existencia de un país musulmán alejado de los extremismos en el que ahora se está poniendo a prueba la democracia en el Islam.