Al día #En140segundos. Save the Children denuncia: Niños en Siria, crecer bajo las bombas

La imagen del cadáver del pequeño Aylan rescatado del mar o las de los niños famélicos de Ramadi, sacan a relucir el rostro silencioso de la tragedia que se vive en Siria. Una devastadora guerra civil cuyas cifras se escriben con muchos ceros: 6 millones de refugiados, más de 300.000 muertos en los combates,  4,5 millones de niños de los que más 250.000 están enfermos o desnutridos, que desarrollan sus primeros años de vida acunados por el sonido de los bombardeos y cuyo futuro está amenazado por una existencia llena de carencias: de alimentación, de medicinas, de agua potable. De infancia.

Las cifras de la tragedia se pueden completar con tres datos más: a día de hoy, más de 60% de las personas que intentan acceder a Europa procedentes de Siria son mujeres y niños.  Y crece alarmantemente el número de mujeres y niños que se dejan la vida en el intento. En enero, representaban la tercera parte de las muertes en naufragios en el Mediterráneo. En tierra firme, en la zona de conflicto, de cada cien muertos que deja tras de sí un ataque, 27 son menores.

 

«Ahora los niños esperan su turno para que los maten»

 

Los efectos físicos y piscológicos que tendrá la guerra para los más pequeños es difícilmente cuantificable, pero ya hay signos: los más pequeños se resignan a morir. «El miedo ha tomado el control. Ahora los niños esperan su turno para que los maten», comenta una madre que intenta sobrevivir con su familia en la zona este de Guta.

Los días se han convertido en una rutina de miseria y hambre solo rotas por los bombardeos. «Los días son todos iguales. Nos hemos adaptado [a vivir bajo el asedio], pero los bombardeos nos siguen asustando mucho y no logramos acostumbrarnos a ellos». Así afrontan cada amanecer los más de 250.000 niños que viven en zonas asediadas y que el reciente alto el fuego pactado les ofrece una mínima posibilidad, según denuncia el informe “Infancia bajo asedio» elaborado por Save de Children y presentado esta semana.

No obstante, antes de la calma de la tregua, los combates y los bombardeos se habían duplicado en el país, estrechando el cerco al que se ven sometidos los más pequeños. El asedio  a las poblaciones se traduce en que todos se han visto obligados a reducir el número de comidas al día a la mitad.

Alimentos que en numerosas ocasiones se limitan a la ingesta de hojas hervidas recogidas de la calle o en el mejor de los casos a pienso destinado para el consumo animal. A pesar de ello, la vida continúa en estas poblaciones asediadas y progenitores y adultos procuran que la infancia de estos pequeños tenga rasgos de normalidad. De ahí que se instalen escuelas en subterráneos para proteger a los alumnos de las bombas  o de los francotiradores.

 

La ayuda humanitaria se acumula en almacenes a pocos kilómetros de ciudades asediadas

 

La paradoja de esta situación es que apenas a unos kilómetros la ayuda humanitaria se almacena sin que se pueda repartir. “Los niños están muriendo por falta de alimentos y medicinas en lugares de Siria que se encuentran a pocos kilómetros de almacenes en los que se amontona la ayuda. Los niños están pagando el precio de la inacción del mundo. Ya basta. Después de casi cinco años de conflicto en Siria es hora de acabar con los asedios«, afirma Andrés Conde, Director general de Save the Children.

Porque los convoyes con ayuda humanitaria no llegan a las zonas asediadas y los sitiadores no permiten que las abandonen, aunque precisen de ayuda médica. Cuando mandan las armas, de poco valen las resoluciones aprobadas en la ONU para ayudar a la población civil. Desde 2014 el Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado seis resoluciones pidiendo el libre acceso a la asistencia humanitaria en Siria —una resolución cada cuatro meses—, destacan los redactores del informe.