Carta de una militante… pactad, malditos, pactad

Nota previa: Si alguno tiene el manual de la “nueva política”, por favor, que me lo pase. Es urgente. Cada vez entiendo menos.

O eso o es que la nueva política es como ese viejo pantalón de campana que guardas con nostalgia porque sabes que, tarde o temprano, vuelve para el agrado de los barrenderos y el horror de quienes tienen la ardua labor de quitar la suciedad de los bajos.

A estas alturas me queda claro que para algunos la negociación es un amor utópico adolescente. El pacto se ha convertido en una serie de teoremas de imposible resolución por falta de datos y de intención. Todo el mundo habla de negociación con cartas marcadas de vetos e imposiciones, con máximos que no encogen y con la nula disposición de anteponer el interés general al propio. Sólo así se explica que los puntos en común no consigan acercar a las fuerzas que las promulgan. Nadie entiende que Podemos haya tardado quince días en sentarse en la mesa y un minuto en levantarse, que hayan hecho de la política una especie de Gran Hermano VIP donde todo se televisa y donde quien mayor espectáculo da, mayor oportunidad de ser nominado tiene.

Me ha gustado Pedro Sánchez. Ya, ya, dirán que es lógico, que es de mi partido y que ¡qué voy a decir yo! A lo mejor tienen razón pero yo ayer me alegré que la confianza depositada en él por la militancia socialista fuera devuelta en forma de discurso propositivo, de tono conciliador y deposición al acuerdo. De tender lazos  y no dinamitar puentes, de mirar al futuro y hacia atrás sólo para corregir errores, de buscar encuentros y sólo un –más que lógico- desencuentro;  el PP.

Sé que muchos de mis compañeros hoy están muy enfadados. Y no les falta razón.

Hoy Pablo Iglesias ha confundido el Congreso de los Diputados con un concierto de su querido Pablo Hassel y ha cruzado líneas dolorosas para los socialistas vomitando exabruptos como si estuviera en la fase final de una fiesta de exaltación del improperio. Que la nueva política que dice encarnar Pablo Iglesias necesite mencionar el indigno argumento de las manos manchadas de cal de Felipe González nos da un escenario diáfano de hasta qué punto ni es nueva ni es política. De hecho las mismas expresiones ya fueron usadas hace años por Aznar y los herederos de las peores artes de la política nos han hecho retrotraernos a tiempos que creíamos olvidados.

No son nuevas las formas. Esta legislatura pasada ya hemos tenido demasiadas pruebas de cómo la incontinencia verbal ofendía inteligencias propias y ajenas. No hay mucha diferencia entre el Rafael Hernando que sólo ve interés económico en aquellas familias que buscan a sus familiares en las cunetas y en el Pablo Iglesias que menciona el GAL para justificar su cabreo porque Pedro Sánchez no le hizo vicepresidente omnipoderoso del todo y la nada.

Pablo Iglesias, el que considera preso político a Otegi pero se le cierra la laringe cuando habla de Leopoldo López, el que habla de los GAL sin mudar el gesto cuando recibe financiación de la nada sospechosa respetuosa con los derechos humanos Irán para sus proyectos audiovisuales, pretende emponzoñar un debate ético que no está en condiciones de ganar nunca porque la hemeroteca se ha empeñado en ser un lastre demasiado pesado incluso para las toneladas de arrogancia y desfachatez de Iglesias.

En realidad ha dicho de Otegi lo que piensa porque ya lo dijo antes. Porque Pablo Iglesias ha vivido siempre caminando el línea que marca la equidistancia entre quienes usaban la violencia para doblegar a quienes defendían sus ideas de manera democrática y aquellos que ponían su vida y la de los suyos en la picota por ejercer la libertad de expresión que, en la Euskadi del terror, se pronunciaba bajito por miedo de que el acero atravesara sienes.

Nunca vi a un socialista de mi generación justificar los GAL, nunca justificamos un asesinato, nunca.

Mintió Pablo Iglesias una vez más cuando espetó a Pedro Sánchez que “le habían prohibido negociar con Podemos”. Nada más lejos de la realidad. El PSOE es de sus militantes –para desgracia de algunos de sus barones, añado-. Más del 80% de la militancia del PSOE le dio el parabién al pacto con Ciudadanos y le dejó manos libres para poder llegar a pactos que promuevan un gobierno reformista y progresista. Y eso es mucho más que el 16% de militantes que le ratificó a él como secretario General de Podemos.

Hoy Pablo Iglesias ha hecho un papelón. Se le notaba en la cara a Iñigo Errejón en cuyo rostro, que pretendía mostrar impavidez, asomaba el pánico escénico de quien se sabe metiendo la pata hasta el corvejón.

Cada acusación de Podemos se vuelve como un boomerang contra la formación que habla de puertas giratorias  y consejos de administración al tiempo que coloca a padres, madres, novios, novias, ex y demás parentela en los mismos cargos que sus antecesores y haciendo exactamente lo mismo que los pretéritos.

Acusan de una forma de hacer política que repican allí donde gobiernan engominando sus principios a costa del erario público y hablan de soberbia al tiempo que el inefable alcalde de Cádiz manda sacar a un hombre de un Pleno que pedía trabajo de rodillas.

Y es que no va a resultar fácil explicar a quienes depositaron su confianza en los círculos explicarles que venían a desterrar las políticas del PP pero que votan lo mismo que Mariano Rajoy. Será una ecuación de incógnita irresoluble explicar a alguien que Podemos vino  a ser alternativa a un Rajoy que hoy asistía a la escenificación de su epitafio y se ha encontrado con un balón de oxígeno a su gestión, con una prórroga de sus funciones ´por estrategia electoral de quienes han antepuesto su estrategia a los millones de españoles que en España hoy no tienen ni para comer, a los casi tres millones de niños en situación de pobreza, a los miles de estudiantes que no han podido continuar haciéndolo por falta de medios, a los que hoy pasan frío porque no pueden pagar la luz.

Y sin embargo, habrá pactos. Porque las urnas así lo han querido y, porque por muchas veces que la indecencia política de quienes  sufren ataques de ego por encima de las posibilidades de un país enfermo de derechos y ávido de cambios pretenda anteponerse a la voluntad popular reflejada en las urnas ésta volverá a depositar su sentencia final; que sus representantes pacten.

Pedro Sánchez hoy ha empezado a ser Presidente del Gobierno en un camino largo y complicado pero, afortunadamente, sin retorno.

Continuará…