Los Trinitarios: la banda latina que desaparece de Madrid

Las bandas urbanas son como los rabos de lagartija, que siguen moviéndose después de ser cortados, y vuelven a crecer. En algunos países son los amos de la calle y por más golpes que reciban por parte de la Policía, nunca se acaban de desarticular, ya que hasta desde cárcel siguen dirigiendo a los nuevos adeptos.

Precisamente de una cárcel surgió el grupo de los Trinitarios, una de las bandas latinas más violentas que se han asentado en España. Formalmente, la banda se ha quedado sin cabeza en Madrid. Su líder y sus cuatro guardianes han sido detenidos en una operación desarrollada por la Policía Nacional en el distrito de Villaverde.

Dedicados a los atracos y al trapicheo con la droga, los detenidos en Madrid están implicados en delitos de lesiones y amenazas.

La de Madrid no es la única operación desarrollada contra esta banda. Hace tres años fue erradicada en Lleida, y hace seis, la policía detuvo en Mallorca a 25 miembros de la isla.

¿Quién son Los Trinitarios?

Los Trintitarios pasan por ser una de las bandas latinas más violentas. Fue montada en la cárcel de Nueva York por Caballo, el pseudónimo de un recluso dominicano que pretendía unir a los presos de este país y juntos defenderse de las agresiones carcelarias. En su código interno aseguran responder a una Trinidad: Dios Patria y Libertad y de ahí su denominación como  los Trinitarios.

Pagan a su líder una cuota simbólica de tres euros por pertenecer al grupo y entre sus preceptos destacan que “Se es trinitario hasta la muerte”, un aviso ante posibles deserciones. Formada principalmente por dominicanos, han crecido en los últimos años por las persecuciones y controles a las que han sido sometidos los Lating Kings, una banda no considerada como rival por ellos.

A pesar de esta desarticulación, fuentes policiales consideran el trabajo contra las bandas urbanas como una tarea desigual. Los éxitos que se consiguen duran poco, ya que el ‘territorio que queda libre’ es ocupado por otros grupos y la actividad delictiva se mantiene, por lo tanto, viva.