El tablero trabado en Siria. Después de los saudíes, ¿invasión de la OTAN?

Con el plan de la paz de la ONU sobre la mesa, en Siria se abre un nuevo capítulo de la guerra fría entre Estados Unidos y Rusia con la entrada en juego de tres nuevos actores: Arabia Saudí, Turquía y sus pretensiones de enviar tropas terrestres a la zona, y la OTAN, quien podría involucrarse directamente en el conflicto.

La guerra en Siria se está convirtiendo en un complejo tablero trabado que tiene más de conflicto internacional que de conflicto interno. EE UU, Francia, Reino Unido, Alemania, Líbano, La Liga Árabe, Rusia, Turquía, Arabia Saudí… Demasiados países e intereses que demuestran que sobre el papel se dilucida algo más que el futuro de Al Assad como presidente del país y la lucha contra el Daesh.  Está en juego el tradicional equilibrio de las dos superpotencias.

Arabía Saudí y Turquía, intereses locales y refuerzo de la posición de los EE UU

En opinión de Marwa Osman, experta en relaciones internacionales, “la razón se debe al avance del Ejército sirio en la región de Alepo. Riad y Ankara están muy preocupados por lograr que sus soldados pisen Siria ya mismo”, y evitar que se refuerce el poder del presidente sirio, Bashar al Assad o de los kurdos.

Arabia Saudí justifica el envío de tropas a Siria en una gran coalición militar de 34 estados para combatir el terrorismo y cuyo objetivo es protegerse “de los males de todos los grupos armados y organizaciones terroristas -cualquiera que sea su doctrina o título- que extendió las matanzas y la corrupción en el mundo y están diseñados para aterrorizar a los inocentes”.

Según destaca la web de análisis internacional The National Interest, con esta medida, Riad se protege ante la posibilidad de ser desestabilizado por los yihadistas. “Los disturbios internos, la amenaza de inestabilidad económica impulsada por la volatilidad de los precios del petróleo y una historia llena de conflictos con sus vecinos” hacen de Arabia Saudí sea un buen candidato para cultivar a los grupos insurgentes y ser “el próximo lugar ideal para los yihadistas que buscan un nuevo punto de reunión”,

Del mismo modo, la caída de Al Assad o su debilitamiento, también supone para los sauditas una oportunidad para romper la tradicional alianza de Siria e Irán, su gran rival geopolítico en la región.

El anuncio saudita de estar preparados para enviar 150.000 militares a Siria ha suscitado las duras críticas en Irán. El secretario del Consejo del Discernimiento iraní, Mohsen Rezaei, ha asegurado que si el Gobierno de Arabia Saudita -conocido por “tomar medidas a lo loco”-se embarca en esa medida, toda la región, menos Irán, pero “incluyendo a Arabia Saudita, será consumida por el fuego”, según la agencia IRNA.

En cambio, los EE UU, respaldan esta decisión. “Agradezco al rey (saudí) Salman (Bin Abdelaziz) y al reino de Arabia Saudí sus sólidos esfuerzos para lidiar con la coalición contra Daesh, y su reciente compromiso de una voluntad de aportar también tropas a esa lucha”, afirmó el secretario de Estado, John Kerry, nada más conocerse el anuncio.

La entrada de Turquía, que también quiere operar bajo el paraguas internacional, tiene por el contrario intereses más ‘nacionales’. “Hasta ahora Turquía ha estado más preocupada en sus propios problemas, básicamente en su propia población kurda en el sureste del país y en su frontera con Siria”, explica Ebru Dogan, periodista del servicio turco de la BBC.

Los kurdos de Turquía, al tiempo que reclaman un Estado independiente y “están teniendo una presencia cada vez más poderosa en el norte de Siria. Y Turquía no quiere a los kurdos demasiado cerca ni demasiado poderosos”, continúa.

Cuando el Daesh atacó posiciones de Turquía, este país invocó el artículo cinco de la organización, donde se afirma “que se consideraría un ataque contra todos los países de dicha alianza y activaría una respuesta militar por parte de estos”. Aunque finalmente no se produjo el despliegue militar, que ahora si es una realidad.

 

La entrada de Rusia en el conflicto de Siria, mueve la ficha de la OTAN

El cambio estratégico que ha supuesto la entrada de Rusia en los combates y la anunciada presencia de los sauditas podrían precipitar los acontecimientos. Los atentados de París y su calificación como “acto de guerra” por parte de Hollande serían suficientes para que la maquinaria militar de la OTAN se ponga en marcha invocando el citado artículo.

De hecho, en noviembre de 2015, James Stavridis, ex jefe del Mando Europeo de los Estados Unidos (EUCOM, por sus siglas en inglés), en un artículo publicado en la revista Foreign Policy, aseguraba que los preparativos de una intervención están muy avanzados.

Ahora EE UU presiona para que se involucre como institución y utilizar de este modo bases y efectivos de combate para sus bombardeos en Siria. En este sentido, a principios de febrero, la Organización del Tratado del Atlántico Norte aprobó el envío de aviones-radares AWACS a Siria para cubrir las necesidades de la coalición internacional.

No obstante, no existe una postura unitaria entre los miembros de la OTAN. Francia y Alemania no están dispuestas a sacrificar sus relaciones con Rusia y una implicación mayor de la alianza podría ser vista por Moscú como una provocación.