Juicio al ‘carcelero’ de Auschwitz

Impasible el rostro, mirando con atención a los testigos que se sientan a pocos metros de él y sin pronunciar palabra alguna. Su voz se ha escuchado una sola vez en el tribunal y fue para responder a la jueza Anke Gruber, quien se interesó por su estado. Un escueto “bien” salió de sus labios.

Reinhold Hanning, de 94 años, está acusado de participar en el holocausto en el campo de exterminio de Auschwitz de 170.000 personas. Por aquel entonces, era sargento de las SS, y niega cualquier relación con los hechos, se ha limitado a declarar durante la instrucción que simplemente era “un guardián del campo” de enero de 1943 a junio de 1944.

Hanning, era un obrero que entró en las Waffen SS en julio de 1940, fue transferido a inicios de 1942 a Auschwitz. Fue miembro de las Totenkopf, una unidad de las SS cuya insignia era una calavera, trabajó en el campo de base Auschwitz-I y supervisaba a veces la llegada de prisioneros al campo de Birkenau.

Acude a la sala de vistas por sus propios medios, las audiencias son breves y está asistido en todo momento por un médico.

SS Auschwitz

Las primeras sesiones del juicio están dedicadas a las declaraciones de los pocos supervivientes del campo que aún viven. Relatan las terribles condiciones de vida que padecían, relatos sobre crematorios que echaban llamas por las chimeneas, de prisioneros desnudos que marchaban a las cámaras de gas y personas muertas a tiros.

 

Un superviviente de 90 años relata el día a día en Auschwitz

Justin Sonder, de 90 años y el más joven de los testigos, llegó a Auschwitz a los 17 años. Fue asignado como esclavo a la compañía IG Farben. A los tres meses ya era considerado un prisionero “viejo”, es decir, era un ‘candidato’ a la cámara de gas.

Liberacion de Auschwitz

Sonder relata el miedo que sentía durante los días de selección, el momento en el que el pelotón de SS les hacían permanecer desnudos y de pie hasta cuatro horas en una fila donde seleccionaban a los que determinaban estar en condiciones de trabajar y aquéllos destinados a la cámara de gas. Una periodo que se podía prolongar hasta por cuatro horas.

“No tengo palabras para describir cómo era, cuando uno sabía que podía morir en una o dos horas, era enfermante, era enloquecedor”, dijo con voz temblorosa. “Sobreviví a 17 selecciones”, dijo Sonder, agente de policía retirado de Chemnitz, que perdió a 22 familiares en el Holocausto.