El final inesperado del ‘caso Eva Blanco’

El crimen de Algete, uno de los asesinatos que ha dejado la huella más profunda en nuestro país, ha cerrado su último capítulo con la muerte de su presunto asesino. La joven Eva Blanco, fue presuntamente asesinada hace 18 años, por Ahmed Chehl. El hombre, de origen marroquí, ha sido ahora hallado muerto en su celda de Alcalá Meco, ahorcado con el cordón de sus zapatillas. No era la primera vez que Ahmed intentaba quitarse la vida, ya lo había hecho tras ser detenido en Francia.

Manuel Blanco y Olga Puig, los padres de Eva, han dicho adiós a la última esperanza de conocer la resolución del caso. El mismo día en el que la titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Torrejón de Ardoz iba a trasladar a las partes el auto de procesamiento del preso, Ahmed se suicidó. Una vez más, el presunto asesino intentó huir de su responsabilidad y culpa, y esta vez, al fin, lo consiguió.

Dos años después del asesinato, Ahmed salió de España dejando atrás a sus dos hijos y a su mujer, con los que vivía en una caravana cerca del municipio de Algete. Dieciocho años más tarde fue finalmente detenido y acusado, y desde entonces ha intentado huir como lo hizo entonces pero ahora intentando quitarse la vida.

“Me da rabia que no le hayan condenado. Para mí es un asesino. Ha sido cobarde hasta el final”, afirma la madre de Eva.

Una espina clavada que los padres de Eva no han conseguido arrancarse. El único presunto culpable ha desaparecido de nuevo, pero esta vez, no hará falta hacer ninguna investigación. Los padres de Eva afirman que Ahmed más que acabar con su vida, quiso terminar con su culpa.

El 20 de abril de 1997, bien entrada la noche y bajo una intensa lluvia, Eva volvía sola a casa después de haber salido, como casi todos los fines de semana. En esta ocasión su novio Dani no la acompañaba. Eva nunca llegó. La tormenta de una de las noches más negras para la familia Blanco, limpió las pruebas que el autor pudo dejar junto al cadáver, en las afueras del municipio, en una zona solitaria. Solo había una huella para señalar a un culpable. En la cuneta, con 19 puñaladas repartidas entre el cuello y la espalda y con signos de violación, estaba el cuerpo sin vida de Eva Blanco.

Durante estos dieciocho años el pueblo de Algete ha luchado por encontrar al asesino. Un pueblo pequeño cercano a la capital sumido en un mar confuso de sospechas. Nadie era capaz de entender o explicar lo que había ocurrido. Amigos, novio, familia, vecinos… todos cabían en la lista de posibles sospechosos y eso marcaría sus vidas durante dieciocho largos años de investigación hasta casi llegar al temido momento de la prescripción del crimen.

Y apenas unos meses antes de que esto sucediera, las muestras de ADN de los restos hallados en el cuerpo de Eva cruzadas con muestras recogidas entre los vecinos desvelan la identidad de un posible autor, pero se trata de un vecino que no pudo cometer el crimen. Investigado este, se llega hasta el presunto culpable, un familiar suyo residente en el municipio en la fecha del crimen y de origen magrebí. Detenido en Francia, Ahmed declara ante las autoridades francesas: dos hombres le obligaron a eyacular sobre la joven la noche del crimen. Así trató de justificar los restos de semen hallados en el cuerpo de Eva, la prueba concluyente que le señalaba como verdadero culpable. Ya en Madrid, declara lo mismo en el Juzgado. Los dieciocho años pasados, llevando una vida normal en Francia, no debieron ser suficientes para crear una coartada que el juez o la familia de Eva pudieran creer.

No sabremos nunca si ha sido el remordimiento o el miedo a una vida en la cárcel, quizá para siempre. O si alguien en su entorno presidiario decidió empujarlo a este final.

La madre y el padre de Eva, sin vida desde la noche del crimen de su hija, muestran el alivio que sienten al poder terminar con la pesadilla más larga de su existencia. Aunque esto no les devolverá a su hija, quizá por fin puedan encontrar la paz que el asesino suicida les arrebató.