David Bowie, la retrocrónica de un concierto. Por Alberto Murcia

David Bowie, la retrocrónica de un concierto

Alberto Murcia

Tres mil ochocientas pesetas (23 euros) costó mi entrada para ver a David Bowie tocar en Madrid en el martes 17 de julio de 1997. Iba a ser en Las Ventas, pero la organización decidió cambiarlo en el último momento porque Bowie no había completado el aforo. Nos enteramos yendo en el C4 de cercanías: era un rumor que Ginés, una de las tres personas que íbamos, creyó haber escuchado en la radio. En Atocha tuvimos que ir hasta una cabina y llamar a la organización para saber dónde sería el concierto. Lo movieron a la sala Aqualung, muy lejos de Las Ventas pero más cerca de Atocha. Caminamos desde allí, bastante desorientados.Toda una odisea para unos jovencitos que no conocíamos bien esa zona de Madrid.Un coche lleno de gente(que en ese momento tenían la edad que tengo yo ahora) nos preguntaron por dónde quedaba la sala.Les dijimos que estábamos en las mismas que ellos. “Venimos desde Cádiz para ver a Bowie y ahora nos lo cambian”. Pese a esto, se les veía muy animados: por lo visto era la primera vez que subían a Madrid. Les vimos irse a toda velocidad calle arriba.

 

Juan Carlos, la otra persona que venía, se preguntaba,¿cómo es posible que Bowie no hubiese llenado Las Ventas cuando pocos días antes se habían agotado las entradas de Enrique Iglesias?La respuesta que nos dimos fue que en España siempre hubo una deficiencia importante sobre cultura musical, problema que comienza en la educación (poco o nada en la pública sobre música) y sigue con unos medios especializados generalistas, (Los 40 principales o M80) que servían a los intereses de las multinacionales, en donde, además, se premiaba la mediocridad patria. Nuestro razonamiento tenía poco matiz: creo que acertábamos con algún síntoma aunque, como el buen español que siempre sabe de todo (que ahora se le llama cuñao), no hicimos un análisis profundo y preciso de esta extraña circunstancia. Éramos conscientes de que Bowie no era, precisamente, un desconocido o el outsider de la industria de la música: siempre se destacasu presencia hiciera lo que hiciese;era de sobra reconocido mundialmente por éxitos rotundos como Heroes, AbsoluteBeginners, Modern Love o Fashion. Su carrera paralela como actor no restó un ápice a su leyenda, es más, la alimentó lo suficiente como para que se convirtiese en un mito. Dentro del Laberinto, pese a todo lo malo que pueda tener, es un referente cultural ineludible para los milenials. Que su música se escuchase es otro cantar.

 

Sea como fuere, era un hecho que el cambio, según la organización, fue que vendió pocas entradas. Si no me equivoco, Bowie no volvió a tocar en Madrid. Nunca lo hará. Casi 20 años después, David Bowie (1947-2016) ha muerto de cáncer. Se lo habían diagnosticado hace 18 meses.Cenizas a las cenizas. Se fue una parte de mi vida. Qué absurdo (y a la vez tan humano) la afinidad con otras personas que nunca hemos conocido en persona. Nunca me he tomado una copa con Bowie, ni he hablado con él. Al menos le vi desde muy cerca durante cuatro horas: ¿me asomé a lo sublime?

Bowie venía a España con la gira del disco Earthling. Acababa de cumplir 50 años. En la sala Aqualung, a la que mataron y hace bien poco revivieron, esperaba paciente una cola de gente poco numerosa. El cambio repentino en una era pre-internet masivo lleva a estas confusiones y nos dio la impresión de que los que habían comprado la entrada estarían haciendo una San Silvestre anticipada desde Las Ventas hasta la calle de la Hermita del Santo. Era un julio un poco inusual en la capital,mientras hacíamos cola se puso a llover durante un rato –aquí no suele llover nunca en julio, en todo caso en agosto. Agradecimos las cuatro gotas pues teníamos la convicción de que si no había llenado Las Ventas la sala Aqualung iba a estar hasta arriba cuando comenzaran a llegar los que estaban de camino. Iba a hacer mucho calor. Y así fue.

Dado que los de la organización del concierto sabían que eso iba suceder nos hicieron entrar a toda prisa. Tanta que a mí ni me revisaron la entrada: la conservo intacta en una carpeta como si se tratase de un tesoro; en cierta medida lo es. Como llegamos de los primeros pudimos situarnos bien cerca del escenario (aunque a lo largo del concierto fuimos empujados poco a poco hasta unas escaleritas que quedaban a la izquierda). Después de que unos desconocidos Placebo hicieran el concierto de presentación de su vida Bowie llenó el escenario. La sala comenzaba a estar hasta arriba. Tanto que hubo gente que no vio a Bowie, y no porque se quedase fuera de la sala, sino por cómo estaba distribuida. En la parte alta había una cabina de DJ que tapaba la visión de la mayor parte de la gente. Supongo que no le hizo mucha gracia. Dimos las gracias por llegar pronto.

En tres horas de concierto Bowie hizo un repaso drum and bass de su Earthling y algún que otro grandes éxitos. Se permitió el lujo de canciones de diez minutos de duración. Pese a que yo era un fanático del Outside y del Earthling, mi momento mágico llegó cuando sonó UnderPressure. No sé si será la mejor de Bowie pero lo era para los tres que estuvimos allí (junto a Freddy Mercury, claro, que la convierte en la mejor de Queen; aunque sobre esto hay polémica: los de Queen dicen que es de Queen, los de Bowie que es de Bowie). Ya que no cayeron ni SpaceOddity ni Heart’sFilthyLesson, el UnderPressure fue un regalo. Hubo sorpresas como el O Superman, nueve minutos de climaxcon la versión de la canción de Laurie Anderson. Bowie, para bien o para mal, tiene eso que hacen las estrellas de llevarse lo mejor de las canciones de otros, apropiárselas para mejor; aunque otros también le han demostrado a Bowie que pueden hacer lo mismo con las suyas, como el caso del Sound and Vision que hizo Beck. Bowie, el camaleón, el duke blanco, siempre joven, lleno de contradicciones.

Bowie se resistió a cerrar el concierto, tanto que acabamos con la espalda y los pies molidos (¿ya éramos viejóvenes?). El pasado 8 de enero Bowie liberó su último disco, Blackstar. Era el día de su cumpleaños. Hasta el último momento mantuvo intacta la gana de seguir con lo que le había hecho ganarse la (buena) vida. Pero, al contrario de lo que a otras estrellas de los setenta y ochenta, este disco es bueno, muy bueno. Solo gente de la categoría de Johnny Cash, Leonard Coen o Lou Reed (este último posiblemente en menor medida) han logrado mantenerse con un nivel tan alto a una edad madura. Se despidió a lo grande, sonando a él, con esa mezcla entre el jazz, la electrónica y el pop, pero rodeado de oscuridad; como el Johnny Cash que arrojaba la copa de vino sobre una mesa llena de comida que nunca llegará a disfrutar mientras repasaba su vida (en la versión que hizo del Hurt de NineInchNails) y decía eso de “myempire os dirt”. La fuerza para seguir viviendo (pensaba hacer gira con Blackstar) contra el golpe de realidad de la enfermedad, la vejez y la muerte. Saberte que tu tiempo ya pasó (como nos recordaban en Canino: “Bythe time i got to New York / I was living like a king…”), resistirte al cambio y querer que la fiesta no acabe nunca. Pero para que sea memorable debe acabar. Al menos la cerró a lo grande.

Cerró a lo grande y nosotros volvimos destrozados a casa en el autobús nocturno que salía desde Atocha: el señor mayor nos había ganado por la mano, sin duda. Cantábamos ScaryMonsters y nos sentíamos como si hubiésemos hecho historia. Piensen que nuestra generación nació durantela Transición, y el discurso oficial era que España iba bien e iba a ir bien siempre, por lo que la gesta política ya no tenía sentido. La realidad también le iba a dar un puñetazo en el estómago a toda esa cultura de la conformidad fomentada desde las instituciones.Pero esa noche, ¡oh, esa noche! nos sentíamos como héroes, aunque solo fuera por una noche.

No sé qué decirte, David. Por mi parte te doy las gracias por la música que nos has dejado y los momentos de mi vida que están relacionados con esa música. En una época en la que las redes sociales suele vapulear sin piedad, Bowie pasó por encima, incluso, de sus cuentas en Suiza. No puedo aportar nada demasiado relevante sobre Bowie que no se haya hecho ya (hoy mismo). Solo compartir eso que solo los artistas relevantes logran trasmitir, y mitigar el vacío que alguien así deja en el mundo. No es que, como el demagogo suele señalar, la muerte de una persona conocida valga más que, por ejemplo, la de un refugiado, el inmigrante, la mujer a la que asesina su pareja… Al contrario: cada vida cuenta. Esas muertes nos ensucian a todos, es una categoría diferente, tal vez superior en cuanto a que nos retratan como especie. En el caso de alguien como Bowie me conmueve porque se va una constante en mi vida. Menos que si se hubiese ido alguien a quién quiero pero que de igual modo me deja un hueco importante.

 

Que la tierra te sea leve.