A aquellos que usan a los socialistas como artillería

La pluralidad mal entendida es como lo de la potencia sin control que nos contaba el conocido anuncio de neumáticos. O como un condón pinchado.

Hace poco más de una semana algunos de nuestros “lenguaraces líderes regionales” decidían someternos a una especie de escarnio público alimentando la necia voracidad de algunos medios de comunicación para los que las trifulcas internas del PSOE son más sabrosas que un polo de salmón para un oso pardo en época de estío.

De sugerir sutilmente que había que dejar gobernar en solitario al PP porque Podemos pone como línea roja un referéndum, a decir que Pedro Sánchez tiene la confianza de todos ellos para intentar conformar un gobierno de izquierdas.

¿Y para este viaje, para llegar a esta conclusión, hacían falta estas alforjas? Este arrebato de diarrea verbal que han padecido algunos barones, baronesas y “baroncillos” (esos que creen que lo son pero que siempre fueron aspirantes a todo y ganadores de nada porque su único mérito es ser el bufón en el circo mediático) nos ha sonrojado como militantes y nos ha debilitado como organización en un momento en el que, por lo menos, debiéramos haber parecido una piña. Se han estampado contra una militancia harta de caprichos de unos pocos y necesitada de ser tenida en consideración para algo más que pegar carteles , llenar mítines y ser usada por unos y otros como arma arrojadiza contra el que no piensa igual.

No hace falta ser un avezado estudioso para saber que ni la militancia ni el electorado no perdonaría al PSOE una prórroga a la agonía a la que nos lleva sometiendo el PP cada vez que gobierna. No somos lo mismo y la mejor manera de demostrarlo es predicar con el ejemplo.
Yo siempre he considerado cobarde utilizar a los militantes como guerra de guerrillas tras los que parapetarse para sentir el pulso de las fuerzas en los asuntos internos del partido. Ha pasado esta vez y, por desgracia, no ha sido sino la repetición de otras muchas tantas. Son esos “líderes” que usan a los militantes como artillería contra las voces críticas, los que valoran la fidelidad en una especia de cartilla de puntos donde puntúan los ataques hacia los propios. Dice mi madre que los pobres no necesitan criados y creo firmemente que debemos hacer una transición en la que dejar que quien quiera iniciar una guerra se ponga delante y no se parapete tras personas de buena fe e intención.

Más allá de la consideración ética de usar a los militantes como proyectiles contra otros, es de obtusos. No es que tiren piedras al propio tejado, no. Se aseguran de hacer buenos boquetes por donde sólo entran las miserias del enemigo. Parece haber olvidado que la política ha de ser un instrumento para cambiar la sociedad y no una batalla por sillones y poder.

Lo de poner en duda al Secretario General del PSOE y hacerlo defendiendo al líder de una u otra federación en contra del resto es uno de esos ejercicios absurdos hasta el ridículo. Es como si hubiera tantos PSOEs como comunidades autónomas, provincias o pueblos.

He visto cosas que jamás imaginaríais, oh militantes socialistas. Azuzar a los fans de buena fe de algunos presidentes de comunidades autónomas contra los que apoyaban al Pedro Sánchez que decía que no había nada que pactar con el PP y cuando la técnica se les volvía en contra pedir a Pedro Sánchez que castigara a los que se revolvían contra estas prácticas y respondían con la misma pólvora. Las redes sociales son un excelente escaparate; menos cuando lo usamos para exponer nuestras miserias internas. Y vaya si las hemos mostrado.

Absolutamente pueril en un momento en el que la gente está pasando hambre. En un momento en el que todos los ojos están puestos en nosotros no para contemplar nuestros juegos, esos que parecen salidos del patio del recreo de un colegio de primaria, sino para dar respuesta a todas las necesidades sociales urgentes en un país devastado de derechos sociales, igualdad y justicia social.

Seguro que somos muchos los que podemos entonar el mea culpa por defender a compañeros y compañeros con más vehemencia de la que se merecían y merecen. Si somos capaces de hacer la transición de la defensa de sus personas a la defensa de sus gestiones y contribuimos a juzgar sus actos y no sus pretensiones haremos de este partido un lugar mucho más amable y en el que muchos de los que se fueron quieran volver.

Y es por eso que valoro mucho más que el primer viaje de Pedro Sánchez sea al Portugal progresista que ha sido capaz de unir a las izquierdas para defender a la ciudadanía de la pesadilla de los recortes y austeridad de la derecha. Valoro su silencio allá en la picota expuesto a los dardos de los que debieron callar y sumar en vez de dividir. El trabajo discreto alejado de los focos de los medios que nos usan como mero entretenimiento.

No podemos poner la excusa de Pablo Iglesias (que merece un artículo para él solito y un estudio científico de su ego y de su capacidad de cambiar programas como ejemplo de su coherencia vital propia de sí mismo).

A lo mejor en el PSOE los que tanto excluyen de las ecuaciones a Podemos por la diarrea verbal de algunos de sus endiosados se paran a pensar en los miles de votos socialistas perdidos que les votaron porque estaban hartos de estas refriegas internas de un partido en el que la militancia de base practica con mucha más facilidad la horizontalidad que sus líderes. En todas esas personas de alma progresista que necesitan confiar en un partido que les dé cabida.

En un PSOE que aproveche las capacidades y no patee el culo de quienes destacan en algo para evitar que los inútiles queden tapados por la sombra de la eficacia y del buen hacer.
Que los méritos se puedan cuantificar por acciones y no por cargos. Porque casi todos los militantes sabemos –aunque nos los callemos por una mal entendida prudencia- que hay cargos que los carga el diablo.

Quiero un Gobierno de España socialista que defienda lo que yo he defendido en campaña, que cumpla con nuestro compromiso con la ciudadanía. Quiero a Pedro Sánchez como Presidente de España para que sean las personas y sus necesidades, el eje de las políticas.

NOTA: Sigo agradeciendo hasta el infinito la discreción de esos compañeros y compañeras que desde la responsable discreción ha seguido trabajando haciéndonos sentir orgullo socialista