No perder el impulso del cambio

Las tan esperadas elecciones del 20-D ya se han realizado.  Su resultado: un panorama complejo, con múltiples lecturas y con diversas posibilidades.  Cada uno podrá torturar los datos tal y como le venga en gana y el que esto escribe no se escapa de esa tentación, pero me parece más importante centrarnos en las posibilidades políticas que se abren y que deberían concentrar el debate político más allá de los inevitables y posiblemente deleznables postureos a los que vamos a asistir.

El PP y el Gobierno de Rajoy han sufrido una considerable derrota, sin embargo ha mostrado una muy importante  capacidad de resistencia, después de la política antisocial y antidemocrática que ha impulsado y de la profunda corrupción que anida en su estructura y forma de Gobierno, ha logrado ser la primera fuerza política. Sin embargo hay que asumir que su peso en la España rural, entre las cohortes de mayor edad, y en los sectores privilegiados (o que se lo consideran) de parte de la estructura urbana le han permitido sostenerse como partido más votado aunque haya sido sólo con el 20% del censo.

Hay una clarísima mayoría tanto en diputados como en votantes contraria al Gobierno. Prácticamente hoy no podemos detectar a ninguna formación que apueste de forma inequívoca por el PP. Solo Ciudadanos a estirado su ambigüedad hasta el límite para aparecer ahora como soporte imprescindible del PP, pero con elementos claros de choque como el sistema electoral y la corrupción. En este escenario el gran tema es si hay valor de transformar el apoyo electoral en fuerza política institucional que haga que parte del cambio demandado se materialice. Nos llenaran los mensajes de: “la fuerza más votada”, “respeto institucional”, “estabilidad por encima de todo” “ojo con los mercados”, sin embargo el primer mensaje que debe comprometer a todos es el rechazo a la investidura de Rajoy, tanto en primera como en segunda vuelta.

El resultado tiene una consecuencia de gran transcendencia: el eje del gobierno ha pasado del Ejecutivo al Legislativo, no hay combinación que tenga fuerza desde el Gobierno para imponer su programa al Congreso de los Diputados. Esto supone en primer lugar hay que buscar los acuerdos que permitan avanzar en el camino de las reformas planteadas: Reforma electoral (que la escandalosa desigualdad entre votos y escaños hace imprescindible), blindaje de los derechos sociales y cuestión territorial, de acuerdo al eufemismo actualmente utilizado.  Y para todo ello hay suficiente fuerza parlamentaria para abrir los procesos. Todos los dirigentes se han llenado la boca de que ha llegado el momento del dialogo y la negociación, pues efectivamente aquí está planteado con nitidez, no sólo los apoyos para formar gobierno sino sobre todo el contenido de los cambios que la sociedad ha demandado, en ese sentido es llamativa la línea roja que ha establecido Ciudadanos respecto a Podemos y otras fuerzas de la Cámara, todo al cántico de ¡¡soy español, español!!, ¡¡ que corto recorrido está teniendo el talante negociador de Rivera y los suyos!!!. Más allá de todos los matices e importantes diferencias, hay que señalar que la única fuerza que hace bandera del inmovilismo es el PP y ello debe tener sus consecuencias.

El bloque de la izquierda, es tan poderoso como el de la derecha, es decir puede condicionar y mucho los gobiernos y las políticas que surjan en esta legislatura; aún más este bloque tiene muchísimas más posibilidades de entenderse con los partidos catalanes, gallegos y vascos, por dos razones: a) La primera por la cerrazón de la que hacen bandera tanto el PP como Cs y b)  porque Podemos y sus alianzas o han ganado en votos o tienen un papel determinante en Cataluña, Euskadi, Galicia y Valencia lo que permite un claro dialogo y un nuevo liderazgo diferente al de Mas y compañía. Ellos han cambiado el escenario y la realidad plurinacional de España como un valor y no como un problema. En segundo lugar y con todas las diferencias internas que existen, la izquierda comparte muchos de los puntos de vista sobre la política social, no tanto sobre la económica,  pero esto también abre un amplio campo de colaboración. En definitiva estamos ante una legislatura donde la discusión no es sólo de los aparatos de los partidos para la distribución institucional del poder sino sobre todo de los grandes temas de agenda que están planteados, y que el resultado electoral, haciéndose fuerte en el Parlamento, puede impulsar hacia delante.

El PSOE a pesar de que aparentemente ha salvado los muebles por su buena posición relativa como segundo grupo parlamentario, va a estar sometido a una fuerte tensión entre su “responsabilidad de Estado” y su “afirmación en la izquierda”. Por un lado los cantos de sirena de apoyar al PP para garantizar la gobernabilidad mediante su abstención en la elección de Rajoy , lo que llevaría a una nueva crisis del partido y al cuestionamiento de Pedro Sánchez; y por otro lado la presión de Podemos y el sectarismo mutuo generado con el cual pierde el conjunto de la base social de la izquierda. Si el PSOE quiere reafirmar su papel frente al PP no le queda otra que mostrarse como fuerza real de cambio y no como dique de contención al mismo, como la misma noche electoral aparecieron dirigentes como Simancas negando la reforma electoral y la negociación plurinacional. Este es el camino hacia la continuidad del declive. El PSOE puede tomar la iniciativa de un gran pacto de legislatura, amplio y plural que aborde la reforma constitucional y que condicione a cualquier gobierno que surja del Parlamento.

Por su parte, Podemos que ha obtenido un resultado magnífico y sobre todo ha obtenido un gran triunfo urbano junto a En Común, Compromis, En Marea,. tiene una tesitura tampoco fácil para consolidar la expresión electoral de la indignación y mostrarse como una fuerza no sólo con razón, sino también con capacidad de gestión política. Sus primeros pasos marcando una agenda para la reforma constitucional y el cambio del sistema, con visión plural, abierta y de negociación son positivos. La fuerza que le da el resultado en Madrid, Cataluña, Euskadi, Valencia y Galicia le sitúan como un interlocutor al que querrán obviar y marginar pero si actúa como motor inclusivo y no sectario del cambio, tiene mucho que ganar.

En estos días la discusión sobre investiduras y pactos de gobierno, nos pueden ocultar el movimiento de fondo que ha expresado la sociedad española en todas sus expresiones una mayoría por el cambio y una minoría por el inmovilismo. No nos mareemos y démosle forma política a este mandato.