La actualidad de la crónica negra #140Segundos

Ryan McMillan, celebraba su 21 cumpleaños en el campus de la Universidad de Texas. La fiesta y el alcohol y quién sabe si algo más,  transformaron su felicidad en agresividad, cuando decidió coger un hacha, y deambular por el campus rompiendo todo lo que se encontraba. 

Mientras Ryan “disfrutaba” destrozando todos los coches del parking de la Universidad, la Policía acudió al lugar. El joven estudiante de medicina se enfrentó a uno de ellos con el hacha en la mano, fue entonces cuando el agente abrió fuego contra él. Lo que comenzó como la noche más divertida de su vida, terminó, con su vida.

También terminó en muerte, una venganza pasional en El Robledo (Ciudad Real). Una mujer fue a casa de su expareja a recoger a sus hijas, acompañada de su madre, y al llegar al domicilio comenzó una discusión con el que fue su marido. La pareja actual de la mujer, un varón de 50 años, intentó mediar el conflicto pero más que mediar, consiguió enfurecer aún más al presunto agresor. Este, cogió un palo, y le golpeó hasta matarle. Una de las hijas tuvo que ser atendida por los servicios sanitarios debido a una crisis de ansiedad.

Podría decirse que la hija ha sido una víctima más del crimen. También víctimas han sido las hijas de una mujer de Santa Cruz de Tenerife, de cinco y ocho años,  que han sufrido abusos sexuales por parte de su madre. Las fotografiaba, las grababa y difundía los vídeos e imágenes por internet. El usuario recibía por correo electrónico los vídeos, aunque en ocasiones  eran las propias niñas las que llevaban el material pedófilo o dejaban en algún punto de la ciudad.

La madre ha sido condenada a 36 años de prisión, pero no ha sido la única. Otro condenado, que residía en Murcia también utilizó a las menores. Los usuarios encargaban el material que querían, a veces participaban sólo las niñas, otras veces con la madre. En 2012, el condenado envió su ordenador a un conocido para que se lo arreglara, y este fue quien denunció los hechos al descubrir las imágenes de las menores. La madre confesó los hechos tras su detención, pero el condenado, lo negó, alegando que las imágenes se habían obtenido de manera ilícita.