Como un reclamo, como si de Nelson Mandela se tratara, en la web de Arnaldo Otegi figura casi en cada esquina el número que le identifica como preso del sistema penitenciario español, el 8719600510. Free 8719600510, se lee mientras un contador instalado en la página nos va restando los días, horas, minutos y segundos que quedan para su excarcelación. Se presenta como un mártir de su causa, algo muy de moda últimamente entre los políticos nacionalistas del país.

Dibujo

Otegi lleva años labrándose una identidad de preso político que parece haber convencido a algunos, incluso, si introducimos Arnaldo Otegi en la archiconocida Wikipedia, se le define como “político de ideología independentista vasca”. Y sí, Otegi entró en política en los 90, pero con un pasado vinculado a la lucha armada y un presente constante en el que su presencia en actos de apoyo a sanguinarios terroristas le ha costado más de una entrada en prisión. Otegi ha jugado un papel decisivo en el cese de la violencia etarra, pero no siempre de diplomacia llenó su discurso.

otegiArnaldo Otegi lleva peleándose con la Justicia española desde su primer ingreso en prisión preventiva en 1987, cuando fue detenido en Francia, a donde había huido en 1977 tras conocerse su pertenencia a un comando de ETA político-militar, responsable del secuestro de 1979 del director de la fábrica de  Michelín en Vitoria, a quien se tuvo retenido durante diez días en la localidad natal de Otegi, Elgóibar. A este comando también se atribuye la liberación de un preso de ETA ingresado en un hospital y  el asalto al gobierno militar de San Sebastián, la explosión de una gasolinera y varios robos de vehículos a mano armada.

Otegi fue absuelto por el secuestro del director de Michelín y también por el del secretario de UCD, Javier Rupérez, al no poder éste identificar a sus captores. Sí cumplió condena por el secuestro de Abaitua. Fue condenado a seis años de prisión y en 1990 fue puesto en libertad provisional al haber cumplido la mitad de su condena. En 1990 fue juzgado y absuelto del atentado e intento de secuestro de Gabriel Cisneros, diputado de UCD. En el 91 entró de nuevo en prisión para cumplir el resto de su condena por el asesinato de Abaitua. Salió de la cárcel en 1993 y en 1994, comenzó su carrera política. Fue séptimo en las listas de Herri Batasuna por Guipúzcoa en las elecciones autonómicas de ese año, aunque no logró entrar en el parlamento vasco al alcanzar la formación únicamente seis escaños. Fue en el 95 cuando entró en la cámara vasca en sustitución de Begoña Arrondo.

otSu politización, el estar alejado de los comandos, no supuso para Otegi el fin de los problemas con los tribunales, ni mucho menos. Siempre en el ojo del huracán por su notoriedad pública y su activismo, ha sido imputado en varias ocasiones por enaltecimiento al terrorismo, pertenecía a ETA o injurias a la corona.

En 2004, el TSJV le condenó a 15 meses de prisión por enaltecimiento del terrorismo al haber acudido al entierro de la etarra Olaia Castresana. Decisión que el Supremo anuló, ordenando repetir el juicio en 2006, en 2007 es absuelto. Fue condenado por llamar al Rey Juan Carlos “responsable de los torturadores” en el año 2003, pero en 2005 fue absuelto de un delito de injurias graves a la corona al considerar el juez que sus declaraciones tenían el amparo de la libertad de expresión. Decisión que el Supremo revocó. Otegi fue condenado a un año de prisión. También en 2005 pisó la cárcel por orden de Grande Marlaska en el marco de una investigación por la financiación de las herriko tabernas, pero se trataba de prisión eludible bajo fianza y tras depositar 400.000 euros en el juzgado, Otegi volvió a la calle, aunque fue procesado. Otegi participó en el homenaje a Argala y fue detenido y condenado por enaltecimiento del terrorismo

Ahora, cumple condena por un delito de integración en banda terrorista  mientras fuera se haarnaldo_otegi_manifa_foto610x342 generado todo un movimiento social, con presencias internacionales que pide su liberación, prevista de momento para la primavera de 2016. Figuras como la de Felipe González o el mismo juez que le envió a prisión en 2009, Baltasar Garzón, defienden que ya no tiene sentido tener a Otegi en la cárcel. A este carro se ha subido también Pablo Iglesias.