Bankia, del fraude sistemático al fuera de juego social

Bankia ha perdido el 93% de las demandas en los tribunales civiles por su salida a bolsa, unas 6.000. Hasta el mes septiembre, Bankia ha perdido sentencias por un importe de 60 millones de euros, a los que hay que sumar 564 millones de euros en demandas presentadas, por lo que el importe total será de unos 624 millones de euros. Así lo confirmaba el consejero delegado del banco, José Sevilla, en la rueda de prensa de presentación de resultados de la entidad, y añadía que los bufetes de abogados están potenciando las campañas en medios de comunicación por que la evolución de las demandas en tribunales sigue creciendo.

Sin embargo, Bankia no tiene una reserva de fondos para la ejecución de estas sentencias, y es que lo deja todo pendiente del éxito o fracaso de los recursos que han presentado, con la clara intención de ganar tiempo agotando, mediante recursos, todas las instancias judiciales, y de alargar en el tiempo la solución a los estafados. Según el consejero de la entidad, la salida a Bolsa fue “reglada y normada” y “tenemos que utilizar toda nuestra capacidad jurídica para defender las cosas en las que creemos”.

La entidad ha presentado los resultados del tercer trimestre con mucho optimismo, sus directivos destacan que Bankia obtuvo un beneficio neto atribuido de 855 millones de euros en los 9 primeros meses del año, un 7,3 % más que el año anterior. Pero sus cuentas no son positivas, es cierto que mantuvo ingresos y redujo gastos, y contó con la favorable reducción de las provisiones para insolvencia, pero ganó menos que en el trimestre anterior, un 3,5 % menos.

Los responsables de la entidad lo justifican por los bajos tipos de interés y por la eliminación de las cláusulas suelo, que han presentado como una concesión de la entidad, y no es así, ya que las cláusulas suelo han sido declaradas ilegales. Y lo que es más grave: la entidad intervenida no tiene previsiones para la compensación si finalmente los tribunales declaran el carácter retroactivo de los intereses cobrados por estas cláusulas.

Por mencionar otros datos negativos, el crédito bruto a clientes ha bajado en un 2,7% y la financiación a empresas y familias un 2,5%, además se reducen las hipotecas, solo incrementa el crédito a empresas que sube el 1,6% y la financiación al consumo un 5,6%. También, el margen bruto descendió un 1,6%, hasta los 3.030 millones de euros y  el margen de intereses un 4% menos; además, se ha visto perjudicada por la depreciación de los bonos de la Sareb

Bankia consigue reducir la morosidad, una tendencia generalizada en todas las entidades financieras, y sobre todo, lo consigue por la venta de carteras dudosas. Bajando el volumen de activos, en los nueve primeros meses del año vendió 6.100 inmuebles, un 77% más que en el mismo periodo del pasado año.

El presidente de la entidad, José Ignacio Goirigolzarri, hacía un ejercicio de ‘triunfalismo’ en el comunicado de presentación de sus cuentas: “Con estos mimbres, se dan las condiciones necesarias para seguir avanzando en la devolución de las ayudas recibidas, un camino con el que estamos firmemente comprometidos”.

Un compromiso que queda en el aire, ya que el consejero delegado también deja para el cierre del ejercicio la decisión de “si se puede o no” realizar alguna devolución de las ayudas.

Y aunque el consejero delegado de la entidad, José Sevilla, se esmeraba en garantizar, durante su comparecencia pública, que la cuenta de resultados evidencia una estabilidad de los ingresos, una mayor contención de gastos y una reducción del riesgo (que asegura les permitirá impulsar el beneficio y la rentabilidad), lo cierto es que Bankia, además de tener un complicado pasado, tiene un más que complicado futuro. La entidad que ha provocado los mayores escándalos financieros de Europa, la que ha provocado que España haya tenido que acudir a un rescate, que todavía está en fase de soltar lastre de todas las operaciones nefastas del pasado, y pendiente de multitud de sentencias judiciales, ademas de la devolución de cuantiosas  ayudas públicas, su  futuro es muy negro, está fuera de juego, y no tiene ni dinero ni planes de innovación para competir con la banca del siglo XXI