El juicio de Asunta, turno de los forenses y criminalistas

Hemos pasado el ecuador del juicio de Asunta Basterra. Se pone fin a la declaración de los testigos para dar paso a los forenses y especialistas en criminalística que examinaron el cuerpo de Asunta, así como las cuerdas que ataban sus pies y manos y que fueron halladas en la finca de Montouto, y otros restos biológicos.

Entre los testimonios más inculpatorios figura el de la profesora de música de Asunta, que relató ante el juez lo extraño del comportamiento de la niña dos meses antes de ser asesinada. Fue el 22 de julio cuando entraron en escena los famosos polvos blancos.  Según la profesora, Asunta estaba bastante grogui en aquella clase, en un primer momento no le dio importancia, pero al ver que el comportamiento de la niña no respondía a su llamada de atención empezó a preocuparse e indagó. Asunta le dijo que llevaba dos días durmiendo y que su madre le había dado unos polvos blancos. La profesora reconoce, “no me gustó nada”. En sus primeras declaraciones, en el momento del hallazgo del cadáver, Porto reconoció haber dado medicina machacada a la niña, porque no le gustaban las pastillas. Algo que posteriormente negaron. La niña había sido drogada con Lorazepam durante meses según la autopsia, pero Porto y Basterra solo reconocen haberle suministrado antihistamínicos para tratar unas crisis alérgicas que dejaban a la niña hecha polvo. Unas crisis alérgicas de las que solo Porto y Basterra tenían noticia. Ni su cuidadora, ni su madrina, ni sus profesores tenían consciencia de que Asunta padecía estos ataques. 

Después de aquel episodio de julio Basterra sí alertó a la profesora de música de que la niña podía estar afectada por la alergia, al no estar fina la niña en clase, la profesora le preguntó por esa supuesta alergia y según ha relatado ella, la niña espetó “Yo no tengo alergia, yo no tengo alergia y nadie me quiere decir lo que pasa” . 

Este testimonio ha alimentado la teoría de que la niña había descubierto las intenciones de sus padres. Para los investigadores del caso no cabe duda alguna de que han sido Rosario Porto y Alfonso Basterra quienes terminaron con la vida de su hija de doce años. Pese a que la coartada del ‘hombre del semen’, no aclara nada en realidad, y que el testimonio de la testigo que aseguró haber visto a Basterra con la niña quedó en entredicho, las imágenes de Porto con la niña en el coche, y posteriormente sola y los indicios que los agentes han aportado como pruebas tienen a Porto y Basterra contra las cuerdas. A partir de ahora, los análisis de los expertos pueden darles la puntilla o exculparlos, algo con lo que la Policía y la Guardia Civil, no cuenta.