Hoteles malditos, toda una historia de crímenes sangrientos

Si las paredes de los hoteles hablasen, nos relatarían historias de todo tipo. Encuentros apasionados, romances que solo hemos leído en las novelas, relatos de la soledad del que viaja por trabajo o las fiestas salvajes de las estrellas de rock. Pero también han sido testigos de primera mano de los crímenes más espeluznantes, terroríficos y crueles de la historia. Hay hoteles que encierran en sus salones, en sus caros cortinajes y alfombras, historias mucho más terribles que la del mítico Hotel California de los Eagles. Hay hoteles, que pintan con sangre sus robustos muros.

Hotel Ritz, Barcelona, 1956

La habitación 523 del hotel Ritz de Barcelona amaneció cubierta de sangre  el 8 de enero de 1956. Lo que eran unas vacaciones navideñas para el empresario británico de origen indio, Mulhand Chandrai,  se convirtieron en una pesadilla que acabó con su muerte violenta en el grandioso hotel barcelonés.

Chandrai se encontraba solo en la habitación, su mujer y sus hijos mayores habían ido a la iglesia y un hombre trajeado, alto, elegante y de alto nivel social se coló en su habitación y le molió a literalmente a palos con una barra de hierro. Se trataba del austriaco Sigfried Neumann, con el que había hecho negocios y a quien había timado. Tras perpetrar el crimen Neumann huyó en un taxi y fue capturado en Suiza. Se cree que Neumann mantenía una relación estrecha con la mujer de Chandrai, los investigadores no pasaron por alto el hecho de que la mujer del empresario se encontrara convenientemente en misa en el momento del crimen. Pese a ello, no fue imputada por ningún cargo.

Hasta Neumann se llegó gracias a su impecable gabán, que dejó olvidado en aquella habitación 523 del hotel Ritz de Barcelona, y gracias al cual se le pudo identificar. En aquella época, no eran muchos los que se podrían permitir una prenda de esa clase.

Hotel Manila, Barcelona, 1971

Hoy se llama Le Meridien, se sitúa en La Rambla, pero en 1971 se llamaba hotel Manila y fue testigo de un cruel asesinato. La mañana del 23 de noviembre del 71, una de las empleadas del hotel percibió un hedor insoportable. Provenía de la habitación 424, y lo que halló al abrir aquella puerta debió quedarse grabado para siempre en su memoria. En la habitación yacía el cuerpo desnudo sin vida de una joven. No llevaba documentación, pero en un bloc de notas figura un nombre, Dolores Llorens. La joven era una enferma mental que había desaparecido, se había escapado de su casa ante la voluntad de sus padres de internarla en un hospital o consagrarla a Dios en un convento. La habitación estaba registrada a nombre de un tal Marqués de Alcántara, que no era un aristócrata ni mucho menos, era Manuel Sebastián,  un profesor de dibujo y vendedor de biblias que vivía en la portería del número 63 de la calle Enric Granados, pero que gustaba de hacerse pasar por quien no era. Cuando salía de casa acudía a Las Ramblas en busca de prostitutas a las que pintaba. Sebastián era un hombre de profundas convicciones religiosas, pese a las compañías que frecuentaba. Un día, saliendo de misa se topó con Dolores, a quien vio muy mal vestida, aterida de frío y hambrienta. Decidió entonces llevársela al hotel Manila, donde era asiduo. Cuando se dispusieron a mantener relaciones sexuales, Manuel Sebastián tuvo algunas dificultades, lo cual provocó la mofa de la joven. En ese momento Sebastián se abalanzó sobre ella y la estranguló. Huyó y se creó una nueva identidad falsa, haciéndose pasar por un ciudadano portugués, pero de nada le sirvió. La policía tenía su fotografía y tuvo que confesar el crimen. Fue condenado a once años de prisión por homicidio con el atenuante de trastorno mental transitorio.

Hotel Crillón, Santiago de Chile, 1955

La escritora María Carolina Geel mantenía un romance con el cronista deportivo Roberto Pumares. Durante ocho años fue ‘la otra’, y cuando su amado enviudó pensó que por fin había llegado su momento. Nada más lejos de la realidad, Roberto había decidido casarse con otra y ella no se lo pensó dos veces. Hoy es una enorme tienda Ripley, pero en los años 50, el Hotel Crillón era el lugar de encuentro favorito de los intelectuales de la época. Allí, sentado en el café del hotel, estaba Pumares tomando algo y leyendo el periódico. La despechada escritora sacó de su bolso una pistola Browning y le acribilló a tiros ante la asustada mirada de los presentes. Cuatro de esos tiros impactaron en el hombre y falleció mientras entre sollozos ella le susurraba que era lo que más había querido en la tierra. Geel fue condenada a tres años de prisión gracias a la presión de sus influyentes compañeros de profesión. Solo cumplió uno gracias a la intervención de la poetisa Gabriela Mistral, quien medió para que se le concediera el indulto. Tras salir de prisión continuó su carrera literaria. Falleció en 1996.

Hotel Reyes Católicos, Madrid, 1998

 La madrugada del 2 de julio de 1998, Alberto Rivero dirigió sus pasos al madrileño htel Reyes Católicos con el objeto de robar las nóminas de los trabajadores. previamente había hecho una reserva a su nombre y cuando llegó a la recepción encañonó al recepcionista, Rubén Vallina Gameiro, de 20 años. Lo maniató y amordazó para después dejarle en el rellano de la escalera que subía a las habitaciones. Debió quedarse ahí la cosa, pero entonces Juan Ignacio Arranz y su novia Margarita entraron en el hotel. A punta de escopeta fueron conducidos hasta donde se encontraba el recepcionista y una vez allí, Rivero les degolló a los tres aunque el corte no fue mortal para Margarita, que escuchó mientras se hacía la muerta, cómo el asesino disparaba a los dos hombres para rematarlos. Rivero, toxicómano, fue detenido y encarcelado. Durante el cumplimiento de su condena apuñaló mortalmente a otro preso e su módulo en 2007.