El juicio de Asunta: día tres, declara Rosario Porto

Compungida, llorosa, con un paquete de pañuelos a mano y temblando. Así ha comenzado su declaración en los juzgados de Santiago Rosario Porto. La madre de Asunta ha procedido a relatar los hechos ocurridos el día de la desaparición de la niña, así como detalles relativos a su día a día y la relación que mantenía con Alfonso Basterra. Pero, sin duda, el plato fuerte se  ha servido a primera hora de la tarde, cuando el fiscal le enseñaba a Rosario las fotografías tomadas al cadáver de su hija, en ese momento, Porto que había tratado de contener las lágrimas, se ha venido abajo.

José Luis Gutiérrez Aranguren, abogado de Porto, ha calificado el interrogatorio, en concreto el momento de las fotografías, como “inhumano”.

Porto ha tenido que dar cuenta no solo de su depresión, con la que justifica la presencia del Orfidal (la marca más conocida con la que se comercializa el lorazepam), también del Lupus que padece. El interrogatorio ha arrancado con preguntas sobre su salud y también sobre su relación con Basterra. Según Porto, la separación no fue fácil, ella tenía un amante y Basterra no se lo tomó bien, ha llegado a confirmar que su ex pareja se comportó como un “energúmeno” aunque ha evitado hablar de malos tratos físicos en todo momento. Por el bien de su hija y también por su delicado estado de salud, la relación entre ambos, como decimos, a priori, rota,  fue estrechándose y ha dejado entrever que quedaba algo de ‘sentimental’ en ella. Ha mantenido que su hija tomaba anthistamínicos por episodios de alergia estacional y ha continuado atribuyendo el comportamiento de Asunta a la toma de los mismos. Recordamos que sus profesoras declararon haber visto a la niña “como drogada” en alguna clase entre los meses de julio y septiembre. Pero es preciso recordar que no son antihistamínicos, sino lorazepam lo que se halló en el cuerpo de la niña.

Rosario Porto también ha relatado un incidente que habría tenido lugar en el mes de julio en su domicilio, al parecer una noche alguien entró en su casa e intentó agredir a la niña. Según Porto fue corriendo a buscar un cuchillo y el atacante se marchó. Dice que no denunció a los hechos ante la policía para que su hija no tuviera impresión de inseguridad, para protegerla emocionalmente.

Sobre el día en que su hija fue asesinada ha relatado todo un via crucis de ‘ahora voy, ahora no voy’ al chalet de Montouto, ahora voy a Decathlón y ahora vuelvo porque me he dejado el bolso. En principio y según ha contado Porto,  la niña no quería ir a Montouto, pero después cambio de opinión, fueron a Montouto pero la niña volvió a cambiar su parecer. Porto la dejó en la calle República Argentina para continuar con sus recados, pasó por Montouto otra vez y al llegar a casa, en Santiago,  no la encontró. Llamó entonces a Basterra, quien tampoco sabía nada de la niña.

Una vez presentada la denuncia, y el aviso de la Guardia Civil de que se había encontrado el cadáver de una niña asiática,  se encontraron durante el registro al chalet de Montouto, en el que ella estaba presente, una mascarilla y un trozo de cuerda idéntico al que ataba los pies y manos de Asunta. Según la acusada, la mascarilla la usaba por su enfermedad y la cuerda no la había utilizado en su vida, ha dicho que quizá su madre la usaba en sus labores de jardinería.

Ha negado que le diera Orfidal a su hija y ha dicho que duda mucho que su padre lo hiciera, eso sí, los medicamentos para la alergia se los daban machacados, algo llamativo teniendo en cuenta la edad de la niña. Porto ha replicado que a Asunta no le gustaban los medicamentos.

En ese momento es cuando se le ha mostrado a Rosario Porto la imagen de su hija muerta con las tres cuerdas que la ataban al lado. Porto se ha venido abajo y no ha parado de llorar. Se prevé que el día 2 de octubre sea Alfonso Basterra quien responda ante el fiscal en presencia del jurado y del presidente del Tribunal. Basterra ha estado presente durante la sesión y se ha mostrado más entero. Al principio de la misma, los presentes han podido ver a los acusados y padres de la niña intercambiarse discretos gestos.