El punto muerto

Más allá de los vencedores y los vencidos en el 27-S, los comicios catalanes de ayer dejan varias preguntas en el aire. La principal será saber qué hoja de ruta seguirán ahora los partidarios de la independencia, con mayoría de escaños pero no de votos. Y derivada de esta incógnita, está saber qué medidas tomarán los empresarios si el camino hacia la independencia no tiene retorno posible. Es decir, si muchos de ellos cumplen con sus advertencias y abandonan Cataluña, o dejan las cosas como estaban.

La Comisión Europea lo ha dicho hoy muy claro: el tema de Cataluña es algo interno de España. Y así también lo han debido de pensar los inversores. Las bolsas europeas han cerrado en números rojos, pero el IBEX 35 ha sido la que menos ha caído, al dejarse un 1,32%.

Es decir, que después de tanto ruido, tantas advertencias y tantas palabras gruesas en una de las campañas más broncas que pueden recordarse, el resultado es que, un día después, estamos como antes: con la situación en punto muerto. Ya se sabe que si algo funciona, es mejor dejarlo como está. Y el mundo de las empresas, no quiere llegar al punto de sacar su producción de una hipotética Cataluña independiente y fuera de la zona euro. En resumidas cuentas, que aún es pronto para ver asomar un plan secesionista en firme y, por tanto, también sería precipitado atisbar un nuevo escenario empresarial para Cataluña.

Además, a todo esto hay que añadir otra incógnita doble. Por un lado, si Artur Mas será investido president (cosa bastante improbable porque la CUP se niega a apoyarle). Y por otro lado y ligado a este factor, falta conocer cuál será el próximo Gobierno de la Generalitat y sus planes en este sentido. Porque ante estas circunstancias podríamos asistir a un bloqueo institucional que derive en otras elecciones y en una nueva vuelta de tuerca a esta cuestión. Y otra vez, seguiríamos en punto muerto.

No parece, por tanto, que nadie deba inquietarse… al menos por el momento. Porque estas elecciones, planteadas como plebiscitarias, si bien han revuelto todo, no han cambiado nada. O dicho de otro modo, que han agitado la conciencia más profunda de la sociedad y el tejido económico de Cataluña, para finalmente volver a un punto muerto del que parece difícil salir. Y con una declaración unilateral de independencia que derive en una secesión al margen del euro, de la Unión Europea y de algunos importantes empresarios, poco rédito económico puede obtenerse para financiar un estado. Lo lógico parece echar cuentas antes de actuar, pero visto lo visto, quizás no todos sigan ese orden, igual que tampoco es lo mismo votar para formar un Parlament que para decidir sobre la independencia.

Lo lógico sería abrir ahora la vía de la negociación, de al menos intentar un nuevo encaje económico, jurídico y político de Cataluña que dé también seguridad a las empresas. Pero para eso se necesita, y aquí volvemos al punto muerto del que partíamos, voluntad de negociar. Ni Rajoy ni Mas parecen los más indicados, aunque ambos se aferran a lo mismo de siempre: no cabe diálogo alguno. Por eso, cada vez son más quienes les ven como un obstáculo y no como una solución al problema.

A Mas le ven como el heredero del 3% y Rajoy… suponemos que aún estará dándole vueltas al hecho de si los catalanes perderían, con la independencia, la nacionalidad española y su carácter de ciudadanos comunitarios. En conclusión, que este cuento aún no ha acabado, que hay muchas cuentas que hacer y, quién sabe cuándo y cómo se dará algún paso en alguna dirección para salir de este punto muerto.