El derecho de todos a vivir

Pasada ya la pasión del toro de la Vega, remitiendo el apasionamiento de la foto del pequeño niño sirio ahogado, no queda más que un inmenso hastío, un profundo sentimiento de nausea que provoca el ver que todo es liviano y pasajero, que tenemos o no conciencia si los medios de comunicación nos la despiertan, que sentimos o no si la información es actual y que esa información nos desnuda, nos empelota, literalmente, dejando ver lo mejor y lo peor de lo que somos, casi siempre lo peor, es lo que más destaca, es lo que más se vende por si solo.

La solidaridad, el compromiso, la lucha contra la injusticia se nota menos, se hace en silencio, se hace con el corazón y porque se siente y, mientras estos sentimientos dormidos sufren el remezón del niño ahogado, la indignación ante la injusticia que supone el sufrimiento de los más débiles se moviliza, aunque sea temporalmente, en silencio, aportando cada cual su granito de arena, convencidos de que nuestro poco, unido a otros muchos pocos, harán más llevadero el sin vivir de los que sufren.

Será un compromiso pasajero, la victoria de España en la Eurocopa de baloncesto dirigirá nuestro compromiso a temas más livianos y, lógicamente, más llevaderos, nos olvidaremos del niño ahogado en las playas turcas o griegas y del enfrentamiento fratricida e irracional en torno a la muerte de un toro, y aquí es donde surge lo peor que tenemos dentro, el terreno abonado para que fascistas irredentos siembren su venenosa semilla.

Cuando la noticia no es la muerte del que huye del terror , del hambre y la violencia, cuando la noticia es el peligro de las fronteras o el número de “seres humanos” a los que habrá que dar cabida, surge el fascio redentor a gritar, los españoles primero, los mismos que echaron de España a sus compatriotas, que mataron a sus vecinos, a sus hermanos, por pensar distinto, se erigen en adalides de la españolidad y se convierten en solidarios excluyentes, tapándose la nariz dan un plato de lentejas a su hermano sabiendo, como saben, que si estuvieran en una posición de fuerza lo matarian sin más.

Aventan la mentira y la falacia de que los refugiados y los inmigrantes van a disfrutar de unos recursos que se le niegan a los españoles, solapan y ocultan que los recursos a los españoles se los niega y los esquilma el gobierno español, que la casa se la quita una deuda que contrajo con un bancario español, que lo manda un juez español aplicando la legislación española, que paga por los farmacos porque así lo decide el gobierno español, que no puede pagar sus estudios porque lo dice el gobierno español, que se está quedando sin derechos porque eligió un gobierno que, en su nombre, y con la legitimidad de sus votos está desmantelando el estado del bienestar y devolviendo España a los que ellos consideran sus legitimos dueños, a los señoritos, a las familias de bién que llevaban demasiado tiempo asistiendo atónitos, al increible espectáculo que supone que los pobres, los trabajadores, no sólo tuvieran algún beneficio del Estado, iban más allá, incluso opinaban y eran escuchados.

Gracias al toro de la Vega que nos permite insultarnos y desfogarnos en la impunidad de la red, gracias a los que dan su vida para que nos sintamos solidarios o españoles, gracias a la selección de baloncesto, gracias a los fascistas catalanes y españoles y a sus iguales los nacionalistas, gracias a todos vosotros que seguís consiguiendo, en curiosa sinergia,que nos sigan reventando la dignidad, que sigais riendo a nuestra costa y que eso suponga que estemos tan enzarzados en chorradas sin importancia que os permita seguir usufructuando lo importante.

Llegará el día que el antitaurino se dé cuenta que puede ser el único responsable de la desaparición de una especie, genéticamente alterada, que es totem en España, que nos identifica. Llegará el día que el ecologista vea como, por su intransigencia, los montes arden porque no se pueden limpiar, todo lo que en ellos nace es autóctono y protegido, todo genera maleza que actúa como yesca en caso de incendio, llegará el día en queseamos capaces de discernir entre la victima y el victimario.

No podemos seguir culpando de las atrocidades que sufrimos al que huye de un mundo más atroz aún, no podemos seguir creyendo al sinvergüenza que explota al inmigrante ilegal culpando al que explota de la explotación.

Cuando seamos capaces de afianzar nuestra democracia dejando actuar a la justicia, cuando no queramos adecuar las leyes a intereses puntuales, en definitiva, cuando dejemos que los jueces, en aplicación de la ley, metan en la cárcel a corruptos, apologetas de la violencia y otras mierdas que rodean el poder, veremos que no eran las ramas las que no nos dejaban ver el bosque, era la mierda y solo necesitaba un poquito de limpieza.

Ese día, tu como yo, te darás cuenta que todos somos humanos, que todos tenemos un derecho fundamental sobre todos, el derecho a vivir, y que ni la ignorancia de muchos ni la ideologia reaccionaria de unos pocos pueden negar ese derecho.