“Haced lo que yo os diga, pero no hagáis lo que yo haga”

“Haced lo que yo os diga, pero no hagáis lo que yo haga”, es una frase que mi padre, un hombre de férreos principios nos decía cuando era consciente de no estar dándonos, a mi y a mis tres hermanos, el mejor ejemplo posible y con cariño y de broma se lo reprochábamos. Obviamente, ese “mal ejemplo” se limitaba a fumarse un cigarrillo, no madrugar un sábado para aprovechar el día, o no tomarse al pie de la letra las recomendaciones del médico en un catarro.

Pero esta frase, anónima, que mi padre ha tomado prestada durante todos estos años, les sirve a muchos como bula para hacer de su capa un sayo y vivir la vida loca en casa, mientras predican otro tipo de máximas desde los altares del poder. 

Recientemente hemos conocido, a través del libro “Call me Dave”, las supuestas aventuras y desventuras de un joven David Cameron. Aventuras que pasaban por orgías bastante menos elegantes que las que Kubrick nos mostró en ‘Eyes Wide Shut’, en las que no había máscaras, contraseñas y un Tom Cruise que todavía no daba miedo, pululando por ahí. No. Lo que había eran cochinillos haciendo felaciones a gogó, drogas, rock and roll o lo que algunos llaman sábado por la noche. 

Vamos por partes, porque tengo un debate interno. Por un lado, me digo que, quiénes somos nosotros para juzgar lo que cada uno hace con su vida privada, mientras sus capacidades como mandatario no se vean afectadas y desempeñe su trabajo con honestidad y diligencia. Pero claro, uno se plantea con qué clase de honestidad puede un mandatario gobernar su país, cuando supura conservadurismo por todas partes, defiende ciertos valores clásicos y con un determinado corte moral, y luego, pues en vez de comerse el cochinillo en Segovia, le hace lo que le hace.

Pero con este “haced lo que yo os diga, pero no hagáis lo que yo haga”, no solo se ha disfrazado Cameron. Hace no mucho hemos visto a Rajoy de boda. De boda gay. DE BODA GAY. Su partido presentó una demanda de inconstitucionalidad a la ley del matrimonio igualitario que acaba de cumplir 10 años, al día siguiente de aprobarse. Ha hecho declaraciones en contra. Y allí estaba él, cantando mentalmente “I will survive”, quizá pensando en que en apenas tres meses toca visita ciudadana a las urnas. Así que ni corto ni perezoso se plantó en la boda con sus mejores galas y a brindar con Champán francés, bueno no sé si Champán francés o Cava catalán, porque yo no estaba, pero alzando la copa por la feliz pareja.Y mientras Rouco en casa flipándolo cosa gótica, como mínimo.

Otro que tal bailó fue  Álvarez Cascos, quien votó contra el divorcio allá por los tiempos en los que Don Limpio era Mr. Proper, e hizo duras y tremendistas declaraciones (que se rompe la familiaaaaaaa, hay que ver que obsesión tienen algunos con que no se rompan las cosas), y lleva dos divorcios y tres bodas. Con un par. No os divorciéis que os va a castigar Dios, yo, dos tazas oiga. Pues eso, “haced lo que yo os diga, pero no hagáis lo que yo haga”.

Y podríamos seguir, porque aquí hay para todos, y qué leches, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra, no es cuestión de sacar a relucir las miserias de todos los políticos del mundo mundial, porque al final salen solas. Uno no puede ocultar la mierda debajo de la alfombra durante décadas y esperar que al final no se note. Las mentiras tienen las patas cortas, por meter otro refrán. La gente que no es de verdad acaba por delatarse sola. No se puede fingir una pose eternamente, os lo digo yo después de 100 selfies en la playa metiendo barriga.