Al día, en 140 segundos

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El éxodo de refugiados sirios continúa y amenaza con convertirse en tan trabado como el de los judíos de Egipto. A las ya dificultades que de por sí tiene iniciar un periplo huyendo de una guerra y del terrorismo con la casa a cuestas, se suman los obstáculos que a propósito, está sembrando en el camino Viktor Orban, presidente de Hungría.

No bastaba con golpearlos, o zancadillearlos, la policía húngara, cumpliendo estrictas órdenes gaseaba y disparaba con cañones de agua a los cientos de refugiados sirios en la frontera con Serbia. El trato que Hungría ha dispensado a estas personas ha sido calificado por Naciones Unidas, en concreto por su Secretario General, Ban Ki Moon , como «inaceptable» Al Gobierno húngaro, estas declaraciones le han parecido «extravagantes e indignantes.» No tienen el mismo concepto de su postura contra los sirios que escapan de un país en llamas, y se han dedicado desde que comenzó la crisis humanitaria, a boicotear su tránsito por Europa, que tiene como principal destino Alemania.

Como si de un «hundir la flota» se tratara, los húngaros han ido bloqueando los accesos a su país levantando vallas o actuando con una brutalidad inusitada en todas sus fronteras. Viktor Orban, que ya tiene una valla en la frontera con Serbia, tiene también en construcción una en la de Rumanía y ni corto ni perezoso afirma que se está planteando construir otra alambrada en su linde con Croacia. Además ha endurecido las leyes de inmigración, con una modificación que ha entrado en vigor esta misma semana y que castiga con penas de hasta tres años de cárcel a quien cruce ilegalmente la frontera, por no hablar de cómo cientos de refugiados que han logrado entrar en Hungría fueron confinados, en el campo de concentración de Roszke,hasta hace tres días, cuando la presión internacional consiguió que se desmantelara. Tratados como animales, anillados para tenerlos contados, o enviados en comboyes a Austria. Pateados y gaseados en las fronteras, así es como Orban se ha portado con los refugiados.

Los Croatas, afirmaron que iban a dejar a los refugiados cruzar su país sin ningún tipo de problema, al menos burocrático, administrativo o gubernamental, pero los sirios que escojan esta ruta se enfrentan a un peligro mucho mayor que un gas lacrimógeno. Durante la guerra de los Balcanes las fronteras del territorio de croata se sembraron de minas antipersona. 2013 fue el primer año en el que no hubo ningún muerto por la explosión de estos artefactos, algo que está todavía muy reciente. El problema, es que con tanto flujo de personas es más que probable que alguien se tope con una mina. Conscientes de lo peligroso de la travesía, el propio Gobierno croata ha mandado al ejército para que trate de desminar los áreas. Una reacción muy distinta de la del presidente húngaro que lejos de facilitar, no ha parado de minar, en sentido figurado, el camino de los refugiados.

El presidente del Consejo Europeo Donald Tusk ha convocado para el próximo 23 de septiembre una cumbre de líderes  para abordar esta crisis de refugiados.