Federico de perfil gitano, hoy como siempre

 

En esta noche en que el puñal del viento acuchilla el cadáver del verano, he visto dibujarse en mi aposento tu rostro oscuro de perfil gitano.” Rafael Alberti nos dejó estos hermosos versos dedicados a Federico, el poeta de Granada. El rostro del poeta desaparecería la madrugada de un dieciocho de agosto para siempre. Los excesos de la guerra, dirían unos, y la tragedia del fanatismo y la intolerancia anidadas en una sublevación brutal, según otros, puso fin a la vida de uno de los autores más importantes del siglo pasado.

El caso es que el crimen fue en Granada, como escribió Machado, su Granada, al amanecer, mediante un paseo, uno más de los muchos que se hacían durante la guerra, y, por supuesto, sin juicio ni acusación alguna. Lo mataron porque sí. Como si fuera el desenlace fatal de una de sus obras, lo acribillaron junto a un banderillero sin fortuna y a un maestro de escuela de los que enseñaban los valores de la República, que también empezaba a morir.

Lorca, Federico García Lorca, cayó bajo las balas como también lo hicieron muchos otros españoles sin nombre. Yace en algún lugar impreciso en el barranco de Viznar, en las afueras de la ciudad de la Alhambra y el Albaicín. Insistir ahora en las excelencias de su obra carece de sentido: está todo prácticamente dicho.

Expertos, estudiosos, críticos, todos han insistido en la singularidad de su producción en el teatro y la poesía. Otros muchos han resaltado su extraordinario compromiso social , no evidenciado en una apuesta partidista, sino expresado en una actividad de acercamiento del teatro y la poesía del Siglo de Oro a los hombres y mujeres más desposeídos, a través de los pueblos de España.

La suma de sus facetas definen a Federico, al hombre y al autor. Son indisociables para construir al personaje con el que se han identificado varias generaciones de españoles a través de los tiempos y a pesar del silencio oficial de la dictadura, primero, y el desprecio político después, cuando la evidencia demostraba, aun antes de conocerse los últimos documentos que lo corroboran, la absoluta implicación del régimen franquista, aún incipiente, en el crimen terrible de Viznar.

Lejos de lamentar semejante asesinato, la derecha reaccionaria española miró hacia otro lado. Como si fuera la imagen más clara de ese silencio injustificable cabe destacar la actitud fría y sinuosa de otro poeta, Luis Rosales, amigo del asesinado, que lejos de protegerlo, cuando podía, giro la mirada para evitar comprometerse. Una sombra que planearía toda su vida sobre él.

Lorca vuelve a nosotros cada mes de agosto. Pero lo deseable sería que estuviera vivo a través de su obra todos los días del año. No es difícil conseguirlo. Su ejemplar conducta social y su extraordinaria vitalidad literaria poseen la actualidad que justifica su presencia viva entre todos los españoles. Es el mejor homenaje leer la obra de Lorca y conocer su vida, y hoy, conmemorar su muerte con respeto. El que no tuvo durante tantos años. Sintamos, como Alberti, la presencia de su “perfil gitano”.