Ingenieros del sentido común

 

Leire, psoe, ingenierosPor Leire Díez

Dicen que el sentido común es el menos usado de los sentidos. Y lo mismo es verdad.

La semana pasada marché a Galicia. Cuando me saqué el carnet de conducir –hace la friolera de 21 años- me acuerdo que tardé once horas y media en ir desde Bilbao hasta la aldea de mis abuelos. Eso sí que era una aventura y no un parque de atracciones. Ese Puerto de la Espina hecho a prueba de espaldas de hierro y cervicales recias, esas caravanas en los puntos más turísticos y ese maldecir constante al dichoso camión que nos precede lento como un dolor.

Con el paso de los años se fueron abriendo tramos de autopista y a día de hoy, la cornisa cantábrica está ya comunicada por autovía hasta Lugo. Bueno, menos en el tramo de Mondoñedo que se abre o cierra en función de la niebla. La autopista se construyó en lo más alto del macizo montañoso, allá donde los lugareños avisaron por activa, pasiva y participio de pasado que era una zona de nieblas muy densas y que habría problemas. Pero entre encomendarse al dios Érebo –el de las nieblas- o enfrentarse a las expropiaciones de los terrenos del obispado de Mondoñedo, los estudiosos ingenieros decidieron darle emoción a nuestras vidas y construir una “autopista hacia el cielo” –sí, muy bucólico hasta que unos antipáticos conos naranjas te indican que has de sufrir la aventura de la carretera nacional, con sus curvas, sus camiones y su firme propio de camino de cabras-.

Y es que los lugareños de Modoñedo son expertos en el sentido común, en no hacer una autopista en aquel sitio en el que no ven más allá de la punta de su nariz 250 de los 365 días que tiene el año. Pero, claro, ¡con la Iglesia hemos topado! Ya rezarán ellos un Ave María por nuestra paciencia. O no. No sé.

Estos días también he leído que en una pedanía de Cantabria han hecho un frontón para zurdos. No por la apabullante demanda de una instalación de este tipo sino porque una carretera ha tenido a bien impedir la construcción en el lugar típico y tradicional.

Que si decimos frontón es frontón. ¡Carreteras nacionales a nosotros!

En Vega de Pas, cuna del verdor, por algún motivo que desconozco, los ingenieros se han propuesto una especie de competición de hacer captaciones de agua en manantiales que se secan en verano. Oigan, ni a propio intento. No han fallado ni por casualidad.
El caso es que aquellos manantiales señalados por los pasiegos como “eternos” lo son y no dejan de manar cual especie de burla a la ingeniería civil a veces tan alejada de la ingeniería del sentido común.

Supongo que ejemplos de estos habrá cientos. Supongo que el sentido común es barato y no deja comisiones.

Ingenieros de mis entretelas, aparte de planos, métricas, ecuaciones complicadísimas y fórmulas variopintas, aplíquense en la asignatura del “sentido común” que lo mismo sirve para hacer una autopista que unas lentejas.