Francisco Bergoglio, el Eco-Papa

El Papa Francisco nos vuelve a sorprender. Ahora abandera el cambio climático. Denuncia el maltrato “que las sociedades han dado al Planeta durante los últimos dos siglos”, la debilidad de la reacción política internacional y propone nuevos hábitos de consumo para que La Tierra no se convierta en “un inmenso depósito de porquería”.

Y lo hace por escrito, en su segunda encíclica, (una carta solemne que utilizan los Papas para dirigirse a los obispos y los creyentes), ‘Laudato Si’ publicada por el Vaticano que ha generado una inmensa expectativa . Su objetivo, que tengan en cuenta sus recomendaciones en la Cumbre del Clima.

A lo largo de seis capítulos y casi 200 páginas, el Papa desgrana su pensamiento que pasa por poner “limites infranqueables”, es decir leyes, que aseguren la protección de los ecosistemas ante el desarrollo económico sin frenos.

El Papa alerta de los comportamientos suicidas de la sociedad de consumo. Para el Papa, “el ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes”.

El Papa Francisco presenta la primera encíclica sobre ecología

Es la primera vez que la Iglesia se enfrenta directamente a las empresas petroleras y los mercados financieros apelando a las conciencias para tratar de impedir que el planeta se transforme en un depósito de inmundicias.

Francisco Bergoglio, cita a el Patriarca Bartolomé para invitar a reconocer los pecados contra la creación: “Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica en la creación divina; que los seres humanos degraden la integridad de la tierra y contribuyan al cambio climático”. Cuestiones que asegura que “no podemos esconder debajo de la alfombra”.

“La actividad humana causa la gran concentración de gases de efecto invernadero” y aquellos que tienen más recursos y poder económico o político “parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas”.

“Llama la atención la debilidad de la reacción política internacional. Hay demasiados intereses particulares y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos”, subraya.

Recuerda además, que “no se aprendieron las lecciones de la crisis financiera mundial y con mucha lentitud se aprenden las lecciones del deterioro ambiental”.

Hay una compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza.

La ecología una constante en los mensajes de los últimos tres Papas

Aunque su reino no sea de este mundo, la ecología está presente en el mensaje de la Iglesia Católica. Y no solo por la labor de Francisco de Asis en defensa de los animales. Aunque el primer toque de atención serio lo pronunció Juan XXIII, quien expresa su preocupación por el medio ambiente ante el crecimiento incontrolado del desarrollismo en los 60.

Negro sobre blanco, en su encíclica Encíclica Mater et Magistra reflexiona sobre cómo coordinar los sistemas económicos y los medios de subsistencia con el intenso incremento de la población humana.

Más prolífico en sus escritos fue Juan Pablo II.  En el 2001, se dirigió a los miembros del G-8 pidiéndoles que pusieran entre sus prioridades la preservación del medio ambiente en todo su orbe. Karol Woityla, aseguraba que el hombre de inicios de milenio debía vivir una “conversión ecológica” si quería evitar la catástrofe (Centessimus agnus).

Más desapercibida pasó la encíclica “Deus caritas est”, de Benedicto XVI, donde afirma que el primer desafío atañe al medio ambiente y a un desarrollo sostenible.