Adiós a Pedro Zerolo, el hombre que regaló su voz

Pedro viaja ahora lejos de nosotros. Se fue esta madrugada y la noticia nos llegó con los primeros titulares del día. Rescatamos una entrevista que le hicimos el año pasado cuando aún en pañales, Irispress Magazine salía a la luz llena de ilusión y esperanza. Y Pedro Zerolo la transmitía con una inmensidad que superaba los límites de su propio cuerpo, castigado ya por la enfermedad mortal que hoy se lo ha llevado.

A pesar de la dureza del tratamiento estuvo con nosotros el tiempo suficiente para contarnos su visión de la izquierda, del progreso, del cambio necesario que había que promover en una sociedad castigada por las duras políticas conservadoras. Pedro lanzaba miradas de esperanza con su verbo cargado de razón.

Quisimos entrevistarlo el primero porque, de alguna forma, él representaba la misma pasión por la vida que nosotros teníamos por nuestro proyecto. Él siempre había sido un luchador, un resistente y un dinamizador de nuevas verdades opacas para muchos y reales para los que tenían la dificultad de poner voz a sus necesidades. Pedro la ponía por ellos. Y la puso, también de alguna forma, por nosotros, porque nos asociamos sin ambages a su visión de las cosas y de la sociedad, a sus palabras de justicia y a su optimismo sensato y tranquilo. Queríamos ser parecidos a lo que él representaba.

Por eso, cuando su leal, discreta y generosa compañera Rosa Laviña, nos dijo que ya era posible hacerla nos fuimos con cuatro cámaras, ni más ni menos, a entrevistarle a un hermoso jardín a unos pocos metros del Grupo Municipal. En Rosa hoy hacemos visible nuestra tristeza y dolor y a ella le dedicamos el recuerdo que queremos dejar patente de Pedro Zerolo.

Luchar por los derechos civiles de las minorías en España no es tarea fácil ni grata. Cuesta trabajo convencer a los que sufren la injusticia de la necesidad de hacer, primero, visible su condición para luego defender los derechos negados. Luchar por la igualdad, contra la injusticia que padecen unos colectivos no es ni más ni menos que luchar por la libertad de todos. En ese esfuerzo de generosidad que hay detrás de una tarea tan verdaderamente revolucionaria – preocuparse por los demás, por su dignidad – es donde encontramos el perfil ético y político de Pedro Zerolo, en su compromiso y su vocación social.

En los últimos años, a pie de calle, como a él le gustaba, luchaba por nuevas y justas medidas sociales en un tiempo de retroceso y confusión en la izquierda. En su claridad de ideas, sin prejuicios ni sectarismos, estaba la respuesta que tanto se ansiaba encontrar para redirigir el proyecto socialista del que él formaba parte desde 2003, cuando se unió, con Trini Jiménez, a la campaña por la alcaldía de Madrid.

Zerolo tenía claro antes de que se pusiera de moda por otros, la existencia de los que están arriba – beneficiarios de un modelo social que los coloca en posición preferente – y los de abajo, las víctimas necesarias para que los otros puedan disfrutar a placer de su existencia.

Contra esa realidad social terrible, él se pronunciaba a diario, calle a calle, barrio a barrio, junto a gais, lesbianas, transexuales, mujeres, jóvenes, parados, personas dañadas por una crisis y unos prejuicios que los sepultaba en el subusuelo de la historia. Por eso luchaba, por eso hoy nos reconocemos más que nunca en él, en su enorme figura casi legendaria junto a los castigados y los oprimidos de verdad.

Hace muchos años que la emoción no forma parte del discurso público. Estamos hechos de láminas imperceptibles de un acero frío, inconmovible, sin sentimientos. Por eso el dolor ajeno, la desgracia y el padecimiento de los otros solo sirve para editorializar en los medios o completar un discurso brillante en la política. Nos hemos olvidado del corazón. Y eso nos pasa, les pasa a los políticos, por no intentar entender más allá del partidismo o las luchas internas de partido,algo tan sencillo como la infinita humanidad que había, por ejemplo, en la figura y en los actos de Pedro Zerolo.

Ahora, cuando su melena rizada, su calva brillante y orgullosa, y sus gafas redondas, su cuerpo gigantesco de acento canario en este mundo tan pequeño se van de viaje, la soledad y la tristeza se entienden mirando a los ojos llorosos de los desfavorecidos, los que sufren y los que se han quedado sin el alma cariñosa, generosa y sincera del que les daba la voz y la sonrisa.

Descansa en paz.