Podemos: un dilema por resolver

Podemos, contado a grandes rasgos, fundamentó su estrategia sobre la creación de una nueva hegemonía cultural a partir de la crisis de deslegitimación política provocada por la crisis y el fenómeno de la corrupción. Esa nueva hegemonía imponía un nuevo modo de razonar ante la situación. Se superaba el eje dicotómico ‘izquierda-derecha’ y se pasaba a implementar la dialéctica ‘arriba y abajo’, sustanciada en la existencia de una ‘casta’ que había gobernado al país desde el 78 atendiendo a sus intereses y desvinculada de las verdaderas necesidades sociales. Los políticos de la casta eran mayordomos de los que verdaderamente gobiernan en los centros de mando financieros. Por eso se daban los casos de ‘puertas giratorias’.

Con este nuevo lenguaje,  y una forma de hacer política agresiva, directa, capaz de recoger la indignación y el hastío de la gente, convertida en su discurso en el centro de la atención, o como único sujeto político, frente al poder, Podemos se fue deslizando en los medios informativos más cómo un fenómeno atractivo para provocar polémica con un gran atractivo para la audiencia.

El caso es que, solo un año después de su acto fundacional, las elecciones europeas, su cónclave organizativo del nuevo modelo y las elecciones andaluzas, Podemos se sienta tras el 24M en muchos ayuntamientos – con marcas análogas –y en las comunidades autónomas, donde la aritmética de los resultados los obliga a definirse sobre algo más que el discurso de la contradicción entre lo nuevo y lo viejo, el poder y la gente. En la estructura institucional ya están sus dirigentes y en la primera, y fundamental toma de decisiones, su papel no será de menor cuantía, sino decisivo para organizar el poder territorial de los próximos cuatro años, a pesar de no haber obtenido unos resultados deslumbrantes.

En ese contexto, el qué hagan y el cómo lo hagan, ya no se sustanciará estableciendo un  discurso, definiendo una serie de símbolos o resignificando el lenguaje para provocar un nuevo consenso social en torno a sus planteamientos estratégicos, tal y como venía sucediendo en su búsqueda de la nueva hegemonía. El propio Pablo Iglesias ha afirmado que el edificio – del sistema del 78- no se ha venido abajo con la inmediatez de sus previsiones y que el llamado bipartidismo sigue siendo igualmente determinante en el nuevo escenario autonómico y municipal.

Podemos se ve abocado a tomar decisiones

Por tanto, definida la estrategia de Podemos, en la que parece que continúan con firmeza, toca la hora de la táctica, o lo que es lo mismo, el momento de tomar decisiones concretas que por más que se insista en los ‘giros de 180 grados’ o en los ‘compromisos imprescindibles’ que deben hacer quienes aspiren a recibir sus votos – de cuya escasa profundidad transformadora nadie debería dudar – serán los condicionantes de que gobierne el PP o el PSOE, es decir, la derecha o la izquierda.

Ignorar que estos tres años de políticas públicas del PP han conducido al desmantelamiento de un modelo de bienestar, razonablemente correcto, construido por el PSOE, es hacer trampas poco creíbles – los resultados electorales lo indican – ya que el ‘son lo mismo’ convence a una parte del electorado, minoritaria, y no a la inmensa mayoría a la que pretendían atraer. La dialéctica arriba y abajo frente a la izquierda y derecha suena bien hasta que hay que sentarse a elegir y decidir, sobre todo cuando los datos no indican que vaya a producirse tampoco en noviembre el vuelco electoral con el que, no sin demasiada ingenuidad, ya contaban.

En la primera fase de su estrategia, Podemos defendía un nuevo modelo en el que ellos estaban dispuestos a recibir votantes del PP. Eso no ha constituido una referencia notable en los resultados. Los líos en los que se han visto salpicados, la ambigüedad en las respuestas sobre Venezuela y otros errores de ‘principiantes’, han limitado, y más de lo previsto, su crecimiento al espacio social de la izquierda. Y sin llegar al resultado al que Anguita llevó a IU en los años 90.

De lo que haga ahora Podemos dependerá su futuro en noviembre

Por tanto, la decisión que se adopte en parlamentos regionales y ayuntamientos no será menor, sino decisiva para su futuro electoral en noviembre, en el espectro de la izquierda, donde les guste o no, están situados. Del mismo modo, les guste o no, para una gran parte de la sociedad será poco comprensible que con la abstención o el voto de Podemos se vuelvan a sentar dirigentes del PP al frente de las administraciones. Si tomamos como indicador el resultado de IU en Extremadura, las consecuencias son evidentes.

Esa es la situación. Muchos votantes desencantados del PSOE que se acercan a Podemos no entenderían el uso de su voto para formar nuevas mayorías con el PP. Ni lo entenderían ni, seguramente, lo perdonarían, y menos aún toda vez que la estrategia del PSOE ha cambiado sustancialmente abriendo espacios para conseguir objetivos comunes sin contaminarse con pactos precipitados. Del mismo modo, es cierto, la base más activa de su electorado no entendería que su voto derivase en una muleta gratuita para sujetar al PSOE que dejaron de votar o al que no han votado nunca.

Este es el dilema al que se enfrenta Podemos; de cómo lo resuelva dependerá su futuro electoral del otoño. De lo que haga, además, dependerá el futuro de la gente que vive en los territorios hasta ahora administrados por el PP.

Interesante.