¿Sabes qué va a votar Teresa Romero?

¿Sabes qué va a votar Teresa Romero?

No se sabe. Quién sabe. Seguramente lo saben sus amigos, su círculo de confianza, sus compañeros de trabajo. Los que compartieron las horas de angustia y miedo ante la enfermedad desconocida, el tratamiento inédito, la supervivencia tasada por lo bajo. Lo sabrá Javier Limón, que compartió mucho más que la angustia por el sufrimiento de su mujer, vivió el dolor terrible de la indignidad contra ella. Quizá ella no los diga antes de las elecciones, aún hay tiempo. Pero si no lo hace lo más probable es que nunca lo sepamos.

Como tampoco sabemos a día de hoy, una vez alejados los focos de las cámaras, cómo es su vida, cómo se recupera, meses después, de aquel contagio que la mantuvo en el umbral de la muerte, más allá incluso de la esperanza. No hemos vuelto a saber nada de ella, por eso tampoco sabemos el sentido de su voto. Pero podemos imaginar a quien no votará, a quien no le dará la confianza para gestionar los intereses de los madrileños.

Podemos imaginar a quien no quiere Teresa Romero en el gobierno para gestionar el sistema público de salud, tan dañado por la torpe gestión que se hizo de su enfermedad, por la torpe tragedia que acompañó la triste muerte de los dos misioneros repatriados del infierno del ébola en África.

Podemos imaginar que Teresa Romero no votará por los que desmantelaron, horas antes de su ingreso, el Hospital Carlos III de Madrid. Los que se rieron de su desconocimiento para ponerse el traje protector contra el virus, los que la acusaron de negligencia por haberse contagiado, los que buscaron en sus palabras febriles la respuesta que los exonerara de cualquier responsabilidad.

Cuando alguien nos deja, cuando se va, cuando fallece, prometemos no olvidar. También deberíamos prometernos no olvidar cuando alguien sufre y solo recordamos la alegría de su curación, orillando la sinrazón brutal de la causa de su dolor. No olvidar para no dejar de saber, no olvidar para conservar la razón y el entendimiento real de las cosas que pasan.

Solo supònemos lo que puede votar Teresa Romero

Pero lo que vaya a votar Teresa Romero son solo suposiciones, porque no sabemos a ciencia cierta cuál será su voto, porque ella no lo ha dicho. Teresa Romero ha callado después de ser vilipendiada, acusada y llevada a los tribunales una vez fuera de su convalecencia. Porque el aparato del estado es poderoso, porque la debilidad causada por el virus y el miedo a haber fallecido no te anima a sumergirte entre acusaciones y pleitos. Porque ella eligió vivir cuando estaba destinada a la muerte y lo que hace ahora, lejos de de la atención de los demás, es vivir la vida sencilla y honesta que echó de menos en el encierro terrible de la sala de aislamiento.

Solo son suposiciones, es cierto. Pero pensemos en qué haríamos nosotros, en qué haría una mujer trabajadora como Teresa Romero, enfrentada al poder, a un gobierno, a la maquinaria política que lo sustenta, a los medios poderosos que le dan crédito informativo, ¿qué haríamos nosotros si nos hubiera pasado lo que a ella? Qué hubiéramos hecho tras la noche de vigilia cuando la dieron por muerta con macabra impunidad si hubiera sido la víspera de la jornada electoral. Esa es la cuestión porque el tiempo difumina el dolor, impide el resentimiento, cura hasta el daño hecho con maligna intención. Si hoy fuera aquel ayer, si el día 24 fuera el día de las comparecencias del consejero, el de los silencios de la ministra, el del mensaje envenenado del portavoz en la improvisada rueda de prensa inculpatoria. ¿Qué votaríamos si aquel entonces fuera este hoy y el tiempo no hubiera limado las aristas del dolor, del miedo y la vergüenza?

No sabemos que votará Teresa Romero, ni siquiera lo que votará Javier Limón, su marido. Lo que sí sabemos es lo que vamos a votar nosotros si ya hemos tomado una decisión y si aún no lo hemos hecho, podemos preguntarnos que votarán Teresa Romero o Javier Limón. O que votaríamos nosotros mismos si entonces fuera hoy y el tiempo no nos hubiera suavizado la indignación que entonces sufrimos junto a ella. A lo mejor basta dejarse llevar por la marea… blanca