Reino Unido: ¿se acabó el bipartidismo y comienza el fin de la UE?

Las elecciones en el Reino Unido añaden un punto más de incertidumbre sobre el euro y la Unión Europea. No solo Grecia supone la única amenaza a la moneda única y a la supervivencia de la UE. Tradicionalmente se celebran en mayo, y los comicios del próximo día 7 prometen ser históricos.

¿El fin del reinado de torys y laboristas en Reino Unido?

En primer lugar, porque las encuestas pronostican el fin del bipartidismo en el país. La última encuesta publicada en el diario The Guardian predice un empate técnico entre las dos grandes fuerzas: los conservadores (270) y laboristas (271), y un papel de llave para formar gobierno bien al SNP (55) escocés o a los Liberal Demócratas (28). Del mismo modo, los euroescépeticos del UKIP  también irrumpirían en la Cámara de los Comunes ( que al menos conseguirían 4 escaños).

Los electores eligen a 650 parlamentarios, 533 en Inglaterra, 59 en Escocia, 40 en Gales y 18 en Irlanda del Norte. Y se elige a un único representante por distrito, es decir, no se vota a los partidos sino a los candidatos y quien más votos logra se queda con el escaño, aunque solo sea por un solo voto de diferencia.

Tradicionalmente, ha sido un elemento de la estabilidad de laboristas y conservadores al frente de los gobiernos en Reino Unido.

El independentismo escocés

La segunda clave en estas elecciones tienen un nombre propio: Partido Nacionalista Escocés (SNP). El referéndum sobre la independencia de Escocia ha dado alas a este partido nacionalista. Aunque lo perdieron por un estrecho margen, han conseguido aglutinar a una mayoría en torno a esa aspiración y amenaza con copar casi todos los escaños en liza. Prometen una nueva consulta en 2016.

Euroescepticismo

El discurso de la pertenencia a la UE como un factor que perjudica los intereses británicos está tradicionalmente afincada en las filas de los torys y ha sido uno de los eternos debates en negociaciones entre Reino Unido y el resto de la UE. El cheque británico -la compensación que reciben de la Unión por su permanencia en el club- y el mantenerse fuera del euro son sus dos principales consecuencias.

Curiosamente, el euroescepticismo anida en las filas de los parlamentarios torys, donde una tercera parte se muestran abiertamente contrarios a seguir uniendo sus destinos con los de alemanes, franceses o españoles, por ejemplo. Es decir, hasta ahora, el euroescepticismo británico era un proyecto elitista que contaba con el apoyo de determinados estamentos empresariales o mediáticos en el Reino Unido.

Hasta que apareció en escena Nigel Farage, el líder del Partido de la Independencia, UKIP. En un golpe populista sin precedentes, ha reducido el problema europeo a una cuestión de inmigración. La libertad de movimientos ha supuesto la entrada de 2,5 millones de inmigrantes de la UE y la denuncia de que utilizan a otros países comunitarios para obtener la carta de ciudadanía y luego emigrar a Reino Unido para favorecerse de su ‘estado del bienestar’.

Las encuestas dicen que este discurso ha calado en el británico medio y uno de cada tres cuestiona seriamente la permanencia en la EU.

El ‘Motorway Man’

Un panorama de incertidumbre que ha movido a los dos grandes partidos, laborista y conservador, a la búsqueda del votante que incline la balanza a su favor y mantenga el status quo político en Reino Unido.

Bautizados como ‘Motorway Man’ (porque estos hombres y mujeres viven y trabajan cerca de una autopista), representan el 15% del electorado. Suelen ser mandos intermedios -cuadros- de las empresas. «Son jóvenes, parejas sin hijos, no necesariamente apegados a las comunidades en las que viven. Están muy centrados en sus carreras. El dinero es muy importante para este grupo. Subir un peldaño en su carrera es esencial para ellos. Tienen casas llenas de lo último en Blue-Ray y alta definición, conducen coches nuevos. Es una mentalidad del tipo “si mi vecino lo tiene, yo también”.

Viven atemorizados por la crisis y la inestabilidad laboral. Además, han perdido poder adquisitivo. Profundamente pragmáticos, sus intenciones electorales varían de uno a otro partido y se dejan influir por la personalidad o carisma de los candidatos.

Un perfil que añade peldaño más de incertidumbre en la escalera que conduce al 7 de mayo y que ponen el acento en lo crucial que va a ser la campaña electoral.

Los candidatos en el Reino Unido

Esta bolsa tan importante de indecisos ha ayudado a la explosión de las expectativas de Nick Clegg, quien resultó ganador indiscutible tras el primer debate electoral, aunque los liberales, lejos de ser una alternativa real de gobierno siguen siendo considerados como un partido bisagra.

David Cameron, el líder del partido Conservador y actual primer ministro, cuenta a su favor con presentarse ante el electorado con un balance positivo en lo económico y haber reforzado su liderazgo tras la victoria del NO al referéndum escocés.

Aunque está por ver si su carisma será suficiente para contener la sangría de votos hacia las filas de los euroescépticos del UKIP -Cameron ha prometido una consulta sobre la permanencia en 2017- o a los ciudadanos indignados por la política de recortes.

Ed Miliband, cabeza electoral de los laboristas, anota en su debe su escaso carisma y valoración ciudadana. Pese a ello, su campaña se basa en la denuncia de los recortes del Gobierno y en otorgar protagonismo a los público, sobre todo en el terreno de la sanidad. Argumentos tradicionales en el Partido Laborista.

A diferencia de Cameron, Miliband milita en las filas de los europeístas convencidos.

Indirectamente, la sombra de la UE planea sobre las elecciones en Reino Unido de mayo y de manera directa, el 8 de mayo se abrirá un nuevo escenario para Europa. Un escenario marcado no solo por el futuro de Grecia si no también por el de Gran Bretaña.

Aunque algunos analistas auguran que una salida del Reino Unido favorecería una UE unida en el terreno político que salvaría de manera definitiva el euro, en lo económico supondría un desastre, ya que arrojaría un manto de incertidumbre a los miles de millones de euros invertidos en Reino Unido por empresas y bancos europeos, abriría la espita de la desintegración -otros miembros podrían seguir su camino y la UE perdería  la sexta parte de su PIB y su presupuesto y la cuarta parte de su gasto de defensa.

En definitiva una Europa más débil.