Garissa, Kenia: víctimas africanas, víctimas de segunda

La matanza de 147 estudiantes cristianos en la Universidad de Garissa, en Kenia, deja al descubierto algo más que la brutalidad criminal del grupo terrorista islamista Al Shabab, también nos muestra la sorprendente ductilidad del dolor y la solidaridad de los gobiernos occidentales o de la población que en ellos vive, que se deforma en virtud de las circunstancias hasta perder sus rasgos más reconocibles si estas no son las adecuadas.

Impregnados de la justa causa de defender la libertad de expresión denunciando la muerte violenta de los periodistas y humoristas de Charlie Hebdo y aún desolados por la muerte del pasaje y tripulación del vuelo de Germanwings, sin olvidar las decapitaciones de periodistas en manos del Estado Islámico, nos damos cuenta que el horror brutal de un crimen de religión – como los que ha instaurado el islamismo radical – en una universidad como la de Garissa, en comunidad negra keniata, no tiene el impacto emocional que arranca el clamor de la solidaridad de la gente más sensible, de los medios de comunicación más audaces o de los políticos más proclives a la movilización junto a las víctimas.

Nadie acompaña a los muertos de Garissa

Renzi y Hollande acompañaron al pueblo tunecino tras el brutal y salvaje atentado contra el parlamento nacional y el Museo del bardo, en el que murieron varias personas – de países occidentales la mayoría -, Rajoy, tan circunspecto en parís, no estuvo quizá porque ya comenzaban las vacaciones de Semana Santa y por eso mandó a un gregario de oficio, el señor Margallo. Pero nadie está acompañando a las víctimas y a sus familias en Garissa. nadie se sumerge en el África Negra, nadie se acerca a la frontera somalí, si se deja ver por zonas de altísimo riesgo. Ni siquiera se pasean en señal de duelo por las avenidas empedradas de las grandes ciudades europeas. No hay vídeos virales con duchas de agua fría ni hay fotos con cartelitos amables – si toca se hace, pero para que toque de hacerlo primero la señora Obama-.

El Papa ha denunciado la tibieza de las reacciones por la matanza brutal de Garissa. Los medios informativos destacan en fechas de poca información, la brutalidad contra la historia arqueológica de Irak y Siria que perpetran los psicópatas del EI, pero se abstienen de profundizar en un crimen contra jóvenes universitarios, quizá porque son negros, de un continente del que se prefiere no hablar y de una región dada por perdida.

Si hubiera sido en Texas, madre mía