Ahora es Grecia quien reclama la deuda a Alemania

 

El Parlamento de Grecia ha aprobado, a propuesta del Presidente Tsipras, la creación de un comité parlamentario para cuantificar y reclamar a Alemania las reparaciones por los daños de la Segunda Guerra Mundial cometidos por los nazis alemanes.

Una reclamación que no es nueva y que no obedece a una idea “radical” del gobierno de Syriza. El gobierno anterior del conservador Antonis Samaras, creó un comité en el ministerio de Finanzas para evaluar la cuantía de la deuda que Alemania mantiene con Grecia.

Un día no muy lejano, el 3 de octubre de 2010, un domingo cualquiera, en plena crisis económica y financiera en toda Europa, y especialmente en Grecia, Alemania dio por cerrada su deuda histórica y decidió la cancelación de todos los intereses pendientes, mediante el pago de una cantidad simbólica de tan sólo 69,9 millones de euros.

El entonces viceprimer ministro, Theodoros Pangalos, durante un viaje a Alemania recordó en declaraciones a la BBC que “los alemanes se hicieron con las reservas de oro del Banco de Grecia, un dinero que nunca devolvieron” y ese mismo año, el secretario de Estado de Finanzas griego, Philippos Sahinidis, cifraba la deuda en 162.000 millones de euros.

Y esa es la cifra que se baraja desde entonces, unos 160.000 millones de euros se basa en la suma de diversos conceptos:

11.000 millones de euros, el valor actual del préstamo que el Banco Central Griego concedió a Alemania en 1942.

La evaluación del expolio sufrido, de los daños y la destrucción de infraestructuras.

Las compensaciones económicas por la ocupación. La única compensación que Alemania realizó a Grecia fue en 1960, con el pago de unos 58 millones de euros a particulares, pero nunca hubo compensación de Estado a Estado.

Además, Grecia pide la restitución de los restos arqueológicos robados durante el conflicto mundial.

El ministro de Justicia, Nikos Paraskevopoulos, ha ido más lejos, y ha afirmando que está preparado para firmar una antigua disposición judicial que permitiría confiscar propiedades alemanas en Grecia.

Pero Alemania responde que no hay nada que negociar. El portavoz del gobierno afirma que “Alemania es muy consciente de su responsabilidad histórica con las víctimas del nazismo, pero el capítulo de las reparaciones está jurídica y políticamente cerrado”; y su compañero, el portavoz del ministerio de Finanzas, Martin Jäger, deice que no es el momento de “debates emocionales”, una respuesta muy alemana al discurso moral de Tsipras.

El Acuerdo de Londres de 1953 y del Tratado 2+4 de 1990, tras la reunificación son la “madre” de todos los desacuerdos

En el Acuerdo de Londres de 1953, los Estados Unidos convencieron a los aliados europeos para dar una salida a Alemania, con el objetivo de impedir el avance comunista en Europa; Alemania que había sido el tercer país receptor de ayudas del Plan Marshall, tras Francia y el Reino Unido, no conseguía salir del colapso económico. Con el Acuerdo se condona a Alemania el 62,6% de la deuda, además de una reducción drástica de los tipos de interés, y se supeditaban los pagos a que Alemania pudiera mantener un “alto nivel de crecimiento y una mejora de las condiciones de vida de la población”. Se establecía la suspensión del abono de intereses de empréstitos extranjeros hasta una futura reunificación de las “dos Alemanias”.

Así lo había solicitado el gobierno de Adenauer. Alemania era un país dividido y la parte occidental no podía hacerse cargo sola de todas las reparaciones de guerra. El argumento se tuvo en cuenta y el Acuerdo de Londres dejó abierto a una futura y definitiva solución cuando se consiguiera la reunificación. En todo caso, no hubo por parte de la veintena de países firmantes una renuncia expresa al cobro de las compensaciones.

El Tratado de Reglamentación jurídica sobre el fin de los derechos y las responsabilidades de las cuatro potencias de 1990, tras la reunificación el gobierno del canciller Helmut Kohl, evita precisamente una conferencia de paz, aquella que podría abrir las viejas reclamaciones sobre compensaciones de guerra.

El motivo era la existencia de problemas territoriales y de ocupación de territorio alemán de las cuatro las grandes potencias, de ahí que se conozca como el Tratado 2+4; por el número de los firmantes, la Republica Federal de Alemania y la Republica Democrática Alemana; más, los cuatro ocupantes de territorio alemán: Estados Unidos, la Unión Soviética, el Reino Unido y Francia.

Desde entonces, el gobierno alemán consideró el fin de las reclamaciones de guerra, ya que Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña sí renunciaron expresamente a las reparaciones. Y el gobierno de Gorbachov que las había incluido en las negociaciones, renunció a cambio de que Alemania no realizara reclamaciones territoriales en la URSS.

¿En qué medida los países no participantes en este Tratado, y que sí fueron parte del Acuerdo de Londres, están sujetos a sus cláusulas cuándo no fueron parte, ni fueron consultados?

Grecia, formalmente, nunca ha renunciado a exigir a Alemania reparaciones por la ocupación, ni por los préstamos, ni por el expolio. Y aunque ha dejado pasar mucho tiempo, esto no invalida sus reclamaciones desde todos los puntos de vista jurídicos, políticos y económicos.

Pero tampoco desde un punto de vista moral, que es el gran argumento del presidente Tspras, en un momento en el que no hay ninguna comprensión a la difícil situación de los ciudadanos griegos, ninguna concesión a las propuestas de Yanis Varoufakis, ni bonos ligados al crecimiento que permitan a Grecia pagar solo en el caso de que alcance un determinado crecimiento del PIB. Tampoco sustituir los bonos en manos del BCE en deuda perpetua.

Además, se han usado de manera torticera por algunos gobiernos como el español o el portugués los préstamos bilaterales de mayo de 2010; por ejemplo, el gobierno español asegura que Grecia debe a los españoles 26.000 millones de euros, y no es exactamente así, en crédito directo solo son unos 6.000 millones, el resto son avales.

Alemania, por el contrario, ha tenido siempre el apoyo de una generosa Europa, siendo la responsable de los episodios más sangrientos de la historia.

Una vez más se comporta como el país que genera más problemas a Europa y en una pesadilla para millones de europeos.

Y en eso, uno de los asesores de Angela Merkel, Jürgen Donges, compara a Podemos con Hitler.

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