Cuando papá es el Estado

Papá, simbolizas la protección como nada en este mundo. No temo quedarme sin techo ni sin plato si sé que tú velas por mi seguridad.

Papá, no temo caerme y hacerme una herida, no temo enfermar ni flaquear porque sé que me darás el antídoto que cure el mal que me aqueje.

Papá no hay miedo a no poder cuidar de mis hijos porque siempre tiendes tu mano, porque me ofreces la garantía de que no me abandonarás, no permitirás que nos acucie la necesidad y que nos veamos abocados a la delincuencia, la indigencia y qué sé yo.

Papá, no temo tomar mis propias decisiones, porque me has dado todas las herramientas posibles, me has dado una educación y además confías en mi criterio y en mi sentido común.

Papá no me da miedo ser mujer, porque tú protegerás mis derechos como tal, no dejarás que nadie utilice mi condición contra mí.

Papá tú no vas a permitir que nadie abuse de mí, que me engañe y que me robe el pan de los míos. Tú lucharás contra ellos, papá.

Papá, no me asusta lo diferente porque me has enseñado que el respeto y la tolerancia son básicos para convivir en paz.  He aprendido a amar a las personas. Sé que siempre me escucharás, que me dejarás decirte lo que me parece mal y que nunca, nunca, nunca  me vas a amordazar.

Papá, tuya es la responsabilidad de que no nos falte de nada, y nuestra la de apoyarte y ayudarte en ese empeño tuyo. Nosotros, tus hijos, estaremos al pie del cañón para que no te fallen las fuerzas a ti. Pero tienes que hacernos saber que estás. Tienes que hacernos sentir seguros. Tienes que darnos la caña para pescar, tienes que dejarnos crecer para poder ser tan buenos padres como eres tú.