Netanyahu…. mejor lo malo conocido

 

La victoria contra pronóstico de Benjamin Netanyahu en las elecciones israelíes ha vuelto a poner sobre el tapete la dudosa fiabilidad de las encuestas, sobre todo en democracias donde el electorado se moviliza en la recta final y donde el nivel de indecisos -gente que quiere votar pero no tiene claro a quien- es elevado.

Con esta premisa, los «gritos de mago» con los que fue recibido por sus seguidores tras el recuento electoral, responden más bien a que Netanyahu tocó las teclas precisas para volcar a su favor al electorado israelí -dentro de lo segmentada y compleja que es la sociología política- . Tres claves que se resumen en:

 

Campaña agresiva y personalizada en Netanyahu

Basada en su carisma -sus oponentes son menos conocidos- y en su experiencia como jefe de gobierno. El Likud ha hecho recaer el peso de la campaña en el rostro de su líder y no en la defensa de su programa o ideología.

En cambio, sus adversarios, con un menor conocimiento en la opinión pública, se han enrocado, en propulsar la idea de cambio en la defensa de propuestas.

 Bandera de la seguridad

Definido el rostro, Benjamin Netanyahu ha utilizado la campaña para fijar dos ideas, una personal: la campaña ha sido un plebiscito para convertirse en el político isarelí que más tiempo ha estado en el poder, y la otra que toca a lo más profundo de la identidad nacional: la seguridad.

Todo ello propiciado por el contexto geopolítico actual de amenaza. Y no solo por el avance yihadista sino también por la amenaza latente de Iran y la incertidumbre que se cierne en Iraq, Siria, Líbano o Libia. Israel vuelve a ser la aldea gala rodeada de romanos que dibujaban Uderzo y Goscinni en los cómics de Asterix.

Sus contrincantes se dedicaron a profundizar en asuntos internos como la lucha contra las desigualdades, el alto coste de la vida en el país y otro tipo de promesas de marcado carácter social.

Enemigo exterior

Netanyahu ha vuelto a agitar los fantasmas del pasado y a focalizar sus iras contra los palestinos. Reforzando la idea anterior, la de la amenaza, ha protagonizado un giro radical de la política israelí y se ha opuesto frontalmente a la creación de un estado palestino, lo que le ha llevado a enfrentarse directamente con la Casa Blanca. Una confrontación que se evidenció en la visita a Estados Unidos que realizó hace una semanas cuando los demócratas no se reunieron con él en el Congreso.

Un rechazo que ha reforzado su imagen de halcón entre el electorado más conservador, eso y su promesa de expansión de nuevas construcciones en zonas judías del este de Jerusalén, la zona de la ciudad reclamada por los palestinos como su capital.