Donde de verdad está Cervantes

 

En El Quijote reside la inmortalidad de Miguel de Cervantes. Es su obra el resto esencial que nos dejó su vida. Los otros restos, el amasijo de huesos sin prueba de ADN que confirme científicamente que se trata de él, no son más que eso, restos óseos envejecidos en las tinieblas de la cripta de un convento. La sociedad de consumo, gestionada por burócratas sin conocimiento cultural alguno, convierte en adorable lo menos trascendente del artista, lo simplifica y reduce y lo quiere empaquetar y mostrar en una hornacina con visita guiada.

Afortunadamente Cervantes es mucho más que un hallazgo arqueológico. Y es comprensible que quienes nunca podrán hallar sus obras en las estanterías de su casa hayan montado un espectáculo circense con esta ‘incisiva investigación arqueológica’ para mayor gloria de la mercadotecnia municipal. Pero la realidad es que este fastuoso acontecimiento no tiene ni el más mínimo interés.

Hace solo unos días, en memorable entrevista televisiva, el académico Pérez Reverte ya advertía de la ingenua búsqueda del escritor universal, en un entorno abandonado por los mismos munícipes que se visten hoy de gala para anunciar la buena nueva. El madrileño Barrio de las Letras es un paraje insólito en nuestra cultura ya que, en apenas unos metros cuadrados, se concentra el espacio vital en el que vivieron algunos de los más notables de nuestra literatura. En cualquier otro país, ese entorno mágico hubiera sido preservado y venerado por todas las generaciones, con el fin de usarlo como motor para la curiosidad y estímulo para la lectura. En España no, por supuesto. En Madrid menos.

Cervantes está vivo en cada página de su obra

Pero también da igual. La grandeza de los inmortales reside en que permanecen vivos en sus obras. Esa es la única verdad. Cervantes está vivo en cada página de sus Entremeses, en la Galatea o en el mismísimo Quijote. Y, sobre todo, habita con pleno esplendor en la mirada ávida del lector que se sumerge en sus páginas.

Esta parodia de la sensibilidad cultural que hoy ha culminado, como en una mala comedia cinematográfica italiana, con la presentación de ‘todas las evidencias’ que conducen a ‘certificar’ que han encontrado a Cervantes sin mostrar hecho científico alguno que lo avale, no es más que el grotesco fin de acto que se merece una corporación local, una ciudad y un país que desprecian lo más grande de su genio y de su talento para convertirlo en un juguete mediocre que exhibir para poder cobrar entrada. Con un IVA del 21%.