11 de Marzo, no lo olvides nunca

 

El 11 de marzo de 2004 nos propusimos no olvidar nunca el 11 de Marzo. Lo hicimos en silencio, derramando lágrimas mudas que recorrieron las calles de Madrid y de toda España. Sin gritos ni aspavientos nos consumimos en el dolor que provoca la barbarie. Los días siguientes – vuestras guerras, nuestros muertos – dejamos de sobrecogernos para convertir la pena en rabia, el dolor en indignación: la muerte en clamor de vida. Defender la verdad fue el grito de desesperación contra el crimen y la ignominia. Porque al crimen le sucedió el engaño.

Constatado y certificado por los investigadores y los jueces el origen y las causas del mal, no pudimos dar por cerrada la sepultura del atentado porque la insistencia interesada en el error – la suciedad de los peones negros – ha persistido como una tortura implacable sobre las víctimas. Y todos fuimos víctimas. Unos, porque enterraron a los suyos; otros, porque conviven con las secuelas; los demás, porque fueron a por todos, a dañar a todos, a herir a todos, a matarnos a todos.

Los 11 de Marzo se fijan en el calendario. Son como las puertas imaginarias del tiempo en los relatos de ciencia-ficción, que permiten viajar adelante y atrás. El 11 de Marzo del calendario detiene el tiempo y nos lleva a la mañana terrible de las bombas. Nos deja ahí durante un día que es una vida que es todo el tiempo congelado en un instante de sufrimiento. No hay horas ni minutos ni segundos, ni ayer ni mañana: solo el recuerdo atronador, la memoria transida de secuencias de espanto que se repiten una y otra vez.

Nos prometimos no olvidar. Pero lo hemos hecho. Hemos olvidado demasiado. Hemos borrado los recuerdos. Quizá sea por un instinto evolutivo de supervivencia: hacer desaparecer lo que nos inmoviliza y nos hace vulnerables, lo que nos imposibilita para cumplir con la misión que tenemos como especie, vivir, amar, crecer, ser más.  El dolor roba la esperanza; el miedo acaba con el libre albedrio. Pero no hemos hecho bien. Podemos recordar sin renunciar a vivir. Podemos vivir para poder recordar. Debemos vivir para evitar que el dolor del recuerdo nos nuble la memoria. Las vidas segadas de los que murieron, los cuerpos abatidos de los que nos robaron, los sueños convertidos en pesadillas que deben volver a ser sueños en los que los nuestros – nuestros muertos, vuestras guerras – vuelvan a vivir en nosotros mismos.

11 de Marzo otra vez. Siempre. Sin faltar a la cita. Para acompañar a los que se quedaron el 11 de marzo sin el aire de la vida, para estar con los ausentes y devolverlos con nosotros, para unirnos a los que resisten atrapados todo el año, todos los años, en un 11 de Marzo infinito que tanto, tantísimo daño hizo. Y del que tanto provecho se quiso sacar como dolor nos dejó para siempre.

11 de Marzo en el calendario. No lo olvides nunca. 11 de Marzo.