PP, Ciudadanos y Podemos: parecidos muy razonables

 

Por Leíre Díez

Leire, psoe, podemos

Y usted, ¿prefiere el producto blanco o el producto de marca? Y no, no me estoy refiriendo a latas de tomate, salami o jabón de lavadora. Ni siquiera a lejía de lavadora neutra y blanquísima que deja sus camisas del todo punto impoluto.

Me refiero a política. Y es que esto de las encuestas es como lo de las baldas de un supermercado. Como tardes quince días en ir ya te han movido el aceite de sitio y te lo han sustituido por cereales ricos en fibra que te ayudan a ir al baño con prestancia y cita programada –y vive el cielo que a algunos les vendrían muy bien para poder abandonar ese rictus permanente de estertor estomacal – o te han subido el papel higiénico a la altura de un ala-pivot de equipo de baloncesto bielorruso. Es un sinvivir.

Si me llego a ir de vacaciones un par de meses al resort ese de lujo desde el que la cúpula de Podemos asesoraba de ‘nosequé’ al gobierno venezolano, a la vuelta –muy morena y relajada, eso sí- me hubiera encontrado con que Tania Sánchez se ha ido de IU porque a ella no la echan sino que se va y que ha pedido una reunión con Podemos para negociar una candidatura única a algo . Ohhh, ¡qué sorpresa! Que no me lo podía imaginar yo ni en cien vidas más y doscientos libros de Julio Verne, oiga.

Y me hubiera encontrado a Albert Rivera decir eso de que han venido a reinventar la política porque el bipartidismo es lo peor -¿no he escuchado yo eso antes?- y que ellos tienen un programa para la ciudadanía. Y sí, lo tienen. Lo malo es que se parece demasiado al del PP en las cosas que más daño hacen a los derechos sociales de los ciudadanos. Es como la barra de fuet, que la pongas un envoltorio azul o uno naranja u otro, es una barra de fuet. Y es que tanto a Rajoy como a Rivera les parece necesario que la Sanidad deje de ser universal y que se excluya a los inmigrantes de ella.

De padres gatos, hijos michinos que diría mi madre. Es obvio que Albert Rivera se marchó del PP habiendo aprendido bien de sus mayores que lo importante es el sillón, que luego Dios proveerá. O no.

Ahora bien, llamarse Ciudadanos y dejar fuera a aquellos cuya única diferencia es el país de origen es una contradicción de esas que se estudiarán en los libros de política allá cuando el sentido común recupere su escaño en política.

¿Y el aborto? Pues un fracaso para aquellos a los que los derechos de las mujeres se meten en su propio cesto de manzanas podridas disfrazadas de triunfos y fracasos.

Y en esta noria de despropósitos se suma Podemos para el cual los derechos sólo computan en número de votos. O de apoyo de patrocinadores porque ya se sabe que la vaca es de donde pace y no de donde nace. Y si el escote de Talegón era susceptible de rebequita al más puro estilo de iglesia de mi pueblo, la excusa de Carolina Bescansa de la escasa importancia del aborto en la agenda política es la ecuación perfecta en la que la Y –la mujer- es siempre la que palma en sus derechos y la X es la excusa perenne y vacua de quienes no creen en la verdadera Igualdad y en la mayoría de edad social de las mujeres.

Se creen dioses y parecen vendedores de crecepelo en un juego trilero patrocinado por el espectáculo de algunos medios de comunicación que han hecho de la ética una especie en peligro de extinción y que usan especies invasoras de falta de escrúpulos.

Lo cierto es que tienen parecidos tan, pero tan razonables que parecen sacados de la misma costilla.