El camino de Pedro Sánchez a la secretaría general del PSOE fue un camino de rosas. Su juventud, la novedad que representaba, el atractivo personal, la escasa implicación en los tiempos turbios de Zapatero y Rubalcaba lo presentaban como una alternativa transformadora para el futuro del viejo partido socialista.

Solo tuvo que superar a Madina, que siendo igualmente joven como él sí había estado vinculado tanto con Zapatero como con Rubalcaba, que lo apoyaba.

La victoria de Pedro Sánchez fue indiscutible

La victoria de Pedro Sánchez fue indiscutible. Tanto como el escaso margen de actuación que le han dado los mismos que fueron su apoyo para lograr el éxito. Desde el comienzo, tras anunciar que sería candidato en las primarias para la elección a la presidencia del Gobierno, se acabó su periodo de gloria. Y entonces empezó su calvario.

Las actuaciones de Pedro Sánchez en programas de televisión, los errores en propuestas como la supresión del ministerio de Defensa, realizar funerales de estado para las víctimas de la violencia de genero o la declaración contra la reforma del artículo 135 de la Constitución y otras inoportunas intervenciones, a los ojos de sus compañeros de las federaciones territoriales, han marcado su ‘vía crucis’ más inesperado.

La poderosa Susana Díaz le ha retirado el apoyo de forma evidente y del mismo modo empiezan a actuar otros entre sus propias filas. Las encuestas no lo ayudan en absoluto y algunas han desplazado a su partido a la tercera posición aunque su valoración personal es alta en todas ellas.

Pedro Sánchez cesó a Tomás Gómez para colocar a un candidato distinto

La decisión de Pedro Sánchez de cesar fulminantemente a un barón territorial, amigo de Díaz, tan polémico como es Tomás Gómez para poner a un candidato de su antojo en Madrid aún pende sobre él.

Ahora se enfrenta a la prueba de fuego ante sus propios compañeros y también ante el electorado, el mismo al que pedirá el voto en las primarias del mes de julio, si es que estas llegan a celebrarse o en las elecciones generales si es que logra la candidatura.

El debate del estado de la nación será su última oportunidad para mostrarse como un líder solvente, capaz y con fuerza para ser la verdadera alternativa de gobierno. Deberá emplearse a fondo y despejar dudas y ofrecer propuestas serias, razonables, creíbles y convincentes.

Pedro Sánchez deberá subir a la tribuna y desmontar el discurso triunfalista del presidente del gobierno sin caer en los recursos que emplea Pablo Iglesias en tertulias y mítines. Deberá mostrase beligerante contra la corrupción aun viendo entre los escaños socialistas el rostro del imputado Manuel Chaves. Y deberá convencer de que no apoyará una Gran Coalición con el PP si no hay mayoría suficiente en el Congreso.

No lo tiene fácil, pero tampoco debería ser tan difícil para quién asegura que quiere gobernar a todos los españoles.