“Periolítica”, la política del periodismo

 

 Leire Díez, periodista

Esto de ser periodista, política, madre, ganadera y ciudadana -y no por ese orden necesariamente- es un cúmulo de contradicciones que me ocupa 24 horas al día, 7 días a la semana. Y es como el trabajo en España, sin vacaciones y sin pagas extraordinarias.

Ser ciudadana es duro en este país últimamente. El PP nos ha recortado las libertades y los derechos hasta dejarlos exánimes. Pero todo va bien porque la macroeconomía –que debe ser el Satanás de la economía de mi casa- va de rechupete aunque la deuda pública suba como un bizcocho borracho de levadura. Y una ya se levanta con la sensación de que ya nada le puede sorprender hasta que tiene a bien abrir periódicos digitales y se tiene que pellizcar para saber si está despierta, dormida, soñando o ensoñada.

Y es que gran parte de la prensa de este país se ha convertido en jefes de gabinetes de unos u otros partidos, eso sí, en diferido y simulado. Porque los mismos hechos tienen tantas versiones como tallas y colores de los básicos de moda en unos grandes almacenes. Depende del color –político y del dinero- que lo analicen.

La objetividad, el criterio y el rigor periodístico es eso que el excéntrico de mi profesor nos contó –seguro que para fastidiar-para que rellenáramos papeles porque a lo largo de los tiempos se ha quedado en esa cosa antigua que adorna las estanterías, que no quitas porque te da pena pero que cada vez que pasas el polvo te prometes eliminar.

Ayer tuve a bien leer que el PSOE pactaba con el PP la cadena perpetua. Pocas veces he tenido la sensación de que los medios habían sobrepasado esa línea tan fina –casi imaginaria- que separa la información de la opinión empresarial publicitaria. Más allá de la oportunidad política de la imagen del pacto, lo cierto es que una mentira lo es así se repita cien veces o la diga el sursuncorda en misa de 12.

El PSOE ha firmado un pacto antiterrorista en el que incluye el yihaidismo y la colaboración con el mismo como delitos de terrorismo. Es el mismo tipo de pactos que se firmó cuando ETA segaba vidas de inocentes en este país. Y es el tipo de pactos que siempre se nos vienen a la cabeza cuando asistimos a imágenes de horror como las pasadas en Paris con los asesinatos de Charlie Hebdo. El castigo será el mismo que recoge el actual Código Penal, 30 años, y que es el que se le ha aplicado a todos los asesinos de ETA. Hasta ahí el acuerdo.

El PP, en ese afán de recortar libertades y hacernos vivir el remake de “Cuéntame lo que pasó” ha decidido reformar el Código Penal incluyendo la Cadena Perpetua. Un Código Penal del que sólo el PP es arte y parte y del que el resto de partidos reniega.
Y reniega la ciudadana, la política, la periodista y la ganadera que llevo dentro. Este país ha generado un sistema que apuesta por la reinserción y es eso lo que tenemos que promover.

Pero he ahí que gran parte de los medios de comunicación han decidido hacer de las portadas una especie de “farandulismo” mediático más encaminado a generar lío y polémica que a contar la verdad. Hubo momentos en los que pensé que era desconocimiento y ratos en los que pensé en qué momento habíamos perdido la esencia del periodismo para convertirnos en meros opinadores, contertulios de una realidad inexistente por no contada.

¿Quo vadis, periodismo?

“Es verdad porque lo ha dicho este medio”. Y es que muchos tienen un ateísmo que sólo hace caso a su religión, a su medio, a su grupo, al mensaje del lío. Lo más es hacer fotomontajes, juntar siglas y hacer gracietas mientras que los de siempre se frotan las manos satisfechos por el objetivo cumplido: atomizar la izquierda y hacer que se conviertan en una especie de combate de luchadores de sumo en el que gane el más gordo, el más ingenioso. No hace falta que sea el mejor. Sólo el más ingenioso. Los medios se han convertido en periodistas de debate y tertulia, en los que según la cuota de pantalla y los minutos de televisión, se recoge más o menos verdad absoluta.

El caso es que esta mañana mientras levantaba fardos de alfalfa para alimentar a mis ovejas y miraba al cielo con miedo de la nevada que llegaba, mi pensamiento estaba en lo cara que era la hierba, en si saber si los recortes permitirían que la máquina quitanieves sacada del paleolítico inferior sería capaz de abrir la entrada de mi casa, andar con cuidado de no partirme una pierna y tener que pagar por alguna de las innumerables ocurrencias de Mato o si mis hijas se librarán de vivir en una sociedad machista en la que aún hay todo que pelear y en la que, hasta para los progres, los derechos de las mujeres no están en la agenda política. Por no estar, no están ni en el gobierno de Grecia, cuna de la democracia.

Fuera, la nieve cuaja y el mundo sigue girando.