Tania Sánchez y la paradoja de IU

 

 

Más de veinticinco años de derrota en derrota, asumiendo un papel decisivo para la gobernabilidad cuando la derecha pierde por la aritmética electoral que te hace poderoso con un puñado de votos o un único cargo electo, pero incapaces de constituirse en mayoría, asumieron que su papel de actor secundario, salvo en algunos momentos, era una posición suficiente para permanecer en las tablas de la política sin asumir costes ni cambios.

Durante dos décadas engendraron una capa de intereses, siempre a la estela del PSOE, y se hicieron necesarios aportando el porcentaje o los concejales que impedían, sumados a los socialistas, el gobierno del PP, siempre victorioso en la Comunidad y en muchos municipios de relieve. Hasta tal punto que sin ser de utilidad alguna, en la Caja de la discordia, llegaron a ocupar los cargos más relevantes y con ellos desarrollaron una red clientelar con su base en la adjudicación de viviendas de cooperativas. Con eso vivieron. Y algunos muy bien.

La trayectoria de José Antonio Moral Santín puesta al descubierto por un escándalo, era bien conocida antes en los ambientes de IU, de la izquierda y de la política madrileña. La conocía la prensa, muda y complaciente. Luego, el escándalo – ese sí y no el de Tania, portadas y portadas- lo dejó a la vista de todos y lo abandonaron, en apariencia, como a las mascotas a las que ya no se puede cuidar porque los niños se hacen mayores. En torno a él se cocían pingues subvenciones, créditos y otras prebendas propias de una relación de palacio, y los cortesanos del partido se limitaban a recibir y callar. Todo presuntamente, porque este es un  país de muchas presunciones y de pocas certezas, porque a éstas se les asigna un espacio judicial y no político. Como si la verdad pública solo fuera posible con sentencias.

En la estructura de IU el jefe era Ángel Pérez, hoy desbancado por una corriente renovadora impulsada por los ‘jóvenes’, pero con un club de seguidores aferrados al cargo ignorando la reclamación federal para que se vayan de una vez. Y es que el jefe se resiste a abandonar el poder en el que ha estado alojado toda una vida profesional. Así es la política: tras un grupo de caras conocidas, una pléyade de personajes menores, sin mérito alguno destacable, sin apenas opiniones, sin ningún tipo de brillantez, sin aportación intelectual conocida, sin más discurso que el que marcan los cánones, carentes de relevancia social, incapaces de asumir su responsabilidad personal en los continuos desastres electorales. La izquierda y la derecha están plagadas de estos personajes sin luz propia y sin taquígrafos que puedan transcribir un pensamiento razonable, uno que no se fundamente en las tácticas para permanecer en el puesto.Y Tania, hasta el momento, no es ni ha sido uno de ellos. Con este panorama, un solo partido, el más espabilado, lleva, pues, gobernando ininterrumpidamente más de veinticinco años.

 

El severo escrutinio de izquierda Unida sobre Tania Sánchez nunca se produjo sobre Moral Santín

 

IU juzga ahora con severidad los contratos administrativos relacionados con Tania y la familia Sánchez, ejemplo de endogamia local, extendida desde la política a los servicios municipales. Con todo, lo más inquietante del caso Sánchez-Rivas no es la firma de contratos hecha por Tania, sino la naturaleza de los servicios que la corporación prestaba: clases de canto, tenis, de batería…Podría saberse más, pero mejor no hacerlo: Pilates, taichí, ¿cocina autóctona coreana? Por qué no. El caso es que Tania, vencedora en las primarias, ahora es cuestionada y será, probablemente, relegada de su candidatura si prospera la querella criminal presentada por el PP. Que este partido, pendiente de un hilo en el sumidero de la corrupción municipal sea el querellante contra Tania no es una paradoja sino un escarnio.

La paradoja también reside en que sea Tania la inculpada por sus compañeros y la denunciada por la derecha y cuestionada por la izquierda por un asunto feo pero menor, mientras aún levantan la voz los que llevan años y años constituidos como una burocracia filistea, cuyos máximos exponentes están más cerca de los hábitos de apretón de manos y pago al contado con fajos de billetes de los tratantes de ganado y sus negocios en el mercado de Talavera, que de una política transparente, limpia y honesta capaz de ser alternativa para una población que reclama una opción de izquierdas a la que votar con convicción.

Ángel Pérez respirará tranquilo: sus huestes se reacomodarán en las sillitas de mimbre que son el reflejo del poder de IU, a todo a lo que aspira. Y si hay suerte un diputado o un concejal bastarán para hacerse valer en una negociación con los socialistas o con Podemos.

El modelo parasitario que tan bien entendieron Miguel Blesa y el PP ganará a Tania, la joven promesa de las tertulias. Y será una paradoja pero también una injusticia.