Charlie Hebdo o el huevo de la serpiente

 

La muerte a manos criminales de un grupo de periodistas, economistas y dibujantes que formaban parte de la redacción del semanario satírico francés, Charlie Hebdo, ha supuesto un duro mazazo contra las libertades de expresión y prensa, siempre tan vulnerables al ejercicio del poder político y a la intransigencia de sectores de la sociedad civil fuertemente arraigados en la intolerancia como sustento de su propia naturaleza.

El caso es que el crimen, la impresionante forma en que se ha perpetrado y la salvaje culminación con el asesinato posterior de un policía – árabe y musulmán- que todos hemos podido ver, nos sumen, una vez más, en un escenario fatal en el que la parte más importante de nuestras garantías y derechos como ciudadanos, la libre información y la opinión, han sido tiroteadas sin compasión.

No se puede abstraer este asesinato colectivo de los asesinatos individuales cometidos por el Estado Islámico en Iraq y Siria contra otros periodistas mediante la fórmula terrible y miserable de la decapitación televisada al mundo entero. La falta de escrúpulos de los asesinos se conjuga a la perfección con el desinterés mostrado, salvo en los momentos inmediatos, ante tan crueles crímenes, la falta de consecuencias y la insolidaridad de una sociedad adormecida a la que le estaban cortando la cabeza en el mismo acto.

 

Atacar la libertad de prensa, como se ha hecho en Charlie Hebdo, y pretender someter la libertad de expresión es el primer escalón de la barbarie

 

Atacar la libertad de prensa, como se ha hecho en Charlie Hebdo, y pretender someter la libertad de expresión es el primer escalón de la barbarie, al menos en lo que nos afecta directamente. En Siria e Iraq, los islamistas del Estado Islámico, Al Qaeda o de cualquier otra organización similar – como las que operan en el Sahel o en cuerno de África-, ya son maquinas mortíferas y espeluznantes que tienen pisoteada a la población civil, con el dogma islámico como bandera y con el terror como herramienta.

La comprensión, por motivos anteriores, de este tipo de actos como el crimen de Charlie Hebdo, tal y como han expresado algunos personajes ‘famosos’, es un error que tiene además de un prejuicio de origen una fatal consecuencia aberrante: tratando de explicar ‘razonablemente’ el sentido de las cosas, todo termina perdiendo su significado inmediato y terminan por pasar como hechos inevitables según la lógica de las cosas.

Nadie puede eludir que si existe Al Qaeda es porque Estados Unidos los formó y armó en su guerra fría contra la Unión Soviética o que si se ha multiplicado el terrorismo islamista en algo ha ayudado la existencia de la base de Guantánamo como centro de reclusión ilegal y de torturas. todo es cierto y terriblemente indeseable  Pero el islamismo radical se sustenta no solo en esas justificaciones sino en su propia interpretación de la religión y cuenta no solo con abanderados con cuchillos y armas automáticas, también tiene a su lado a complacientes jeques árabes que financian – como está sobradamente demostrado – sus operaciones logísticas y la compra de su armamento.

Es más, en la propia dinámica en la que organizan sus sociedades de sátrapas: represión, sometimiento de la mujer, persecución de la homosexualidad, sharia como fuente de derecho o persecución de la cultura que no está aceptada por los imanes, se encuentra el germen del odio y el fanatismo que luego aplican los salvajes.

Y esa es la cuestión, si nos van a hacer retroceder a un tiempo anterior a la conquista del modelo de sociedad civil conseguido precisamente tras la Revolución Francesa o si seremos capaces, en nuestra defensa ‘occidental’ de convertirnos en seres tan abominables como ellos.

Las fuerzas políticas francesas han hecho un llamamiento para que el domingo los ciudadanos se manifiesten en repulsa del atentado de Charlie Hebdo, y todos se han apresurado a hacer declaraciones en las que reflejan serenidad y contundencia a partes iguales. Pero es inútil. El Frente Nacional va a cosechar una importante cantidad de votos como consecuencia del temor que produce esta caterva de asesinos y lo harán sin molestarse en radicalizar el mensaje, solo limitándose a recibir con los brazos abiertos a la gente indignada.

Así que nos debatimos, en Francia y en Europa, entre la barbarie criminal de los asesinos y el salvajismo opaco que reside en la argumentación de los que pretenden imponer una sociedad a su medida. Que nadie vaya a pensar que una Europa fascista respetaría mucho más las libertades ejecutadas en la revista Charlie Hebdo. La intransigencia está en la esencia de su naturaleza y su modelo de sociedad en cuanto a las libertades no dista mucho entre unos y otros.

 

No se puede dejar el espacio al fascismo para responder al salvajismo

 

Esa es la cuestión. Que no se puede dejar el espacio al fascismo para responder al salvajismo. Que hay que legitimar moral y éticamente la respuesta contundente a la barbarie sin renunciar a nuestras libertades y derechos. El fascismo es una mala terapia pero para evitarla es precisa una contundencia firme contra el crimen programado. La clave radica en que los protagonistas, además de nosotros, deben ser los propios musulmanes. Deben dejar de decir que el Islam no es eso, porque les guste o no actúan en su nombre y así lo percibe la gente. Son los propios musulmanes quienes en defensa de su fe deben perseguir con infinita fortaleza esa expresión criminal de la religión, desenmascarar a los criminales, entregarlos a la justicia y poner orden entre tanta intolerancia aplicada a sojuzgar a la gente. No son testigos ajenos, son responsables morales. Hay que ser implacable con los estados del golfo que asientan en sus legislaciones persecuciones intolerables de derechos individuales y colectivos y hay que evitar que se reproduzcan en nuestras sociedades.

Nos acusarán de intolerantes o de irritados por el crimen de Charlie Hebdo. No es el caso, sino todo lo contrario. La implicación de todos es el único remedio. Siglos de desarrollo no pretenden acabar con argumentos culturales de los pueblos, pero sí con la barbarie, sea ésta perpetrada o exista como germen. Hay que acabar con el huevo de la serpiente. También la defensa de los toros u otras expresiones de brutalidad que alientan el salvajismo se fundan en la idea de las tradiciones y la cultura. Ya está bien. No se puede ser firme con unas cosas y blando con otras.

Hay que evitar que sigan matando: aquí, como en el 11M, en París en Charlie Hebdo, o en Iraq y Siria, donde además matan descarnadamente, esclavizan y mutilan sin compasión bajo el caprichoso emblema de la fe religiosa.

Par evitar precisamente que el fascismo, se vista como se vista, sea la única respuesta.