Ignacio Diego: corazón de hielo y cara de cemento

 

 

Leire Diez Castro. Periodista

 

Hace unos días los informativos de ámbito nacional se hacían eco de la investigación a la que está siendo sometido Ignacio Diego, el Presidente de Cantabria, dentro del caso Pokemon. Investigan si el pago por parte de la empresa Aquagest de su estancia en el Balneario de lujo de Las Caldas (Asturias), junto a su mujer y al que hoy es su Consejero de Obras Públicas, Francisco Rodríguez,  responde al pago de favores por servicios prestados. Como su vida política debía ser durísima decidió someterse a tratamientos faciales varios –supongo que con cremas de oligoelementos de cemento a juzgar por la cara dura con la que posteriormente mintió en el Parlamento de Cantabria-. Y es que en una primera intervención en sede parlamentaria llegó a afirmar que él quiso pagar pero  “que no le dejaron”.  Sin pudor. Con un par. Me lo imagino con la tarjeta de crédito entre los dientes haciendo un sprint por el balneario persiguiendo el datáfono con el que pagar sus facturas. Pobre, lo que debió sufrir…

 

Un par de noches de almohada e imaginación después elaboró más la estrategia y volvió a sede parlamentaria a decir que había hecho la reserva nueve días antes poniendo como aval su tarjeta de crédito. Y yo, en este punto, estoy preocupada por la pobre tarjeta. Vive sin vivir en ella. No sabe si viene, va, corre, asusta o espanta.

 

El caso es que cuando ya la Policía le había estropeado su relato y habían demostrado que quien reservó y pagó fue Aquagest, Ignacio Diego dijo que el único que decía la verdad era él. Palabra de mentiroso. Amén.

 

El caso es que en la reciente inauguración del tramo de autopista entre Unquera y Llanes, y delante del presidente Rajoy, Ignacio Diego hizo una jugada muy propia de Mariano e inauguró la vía rápida escapando de los periodistas. ¡Hasta Spielberg deja descansar su imaginación, oigan!.

 

Y es que antes de ser Presidente de Cantabria, Ignacio Diego fue alcalde de Astillero, época en la que Aquagest fue la empresa elegida para gestionar el servicio de aguas cuando el PP decidió privatizarla.

 

No es la primera vez que la justicia saca los colores al Presidente de Cantabria, Ignacio Diego –y mucho me temo que no será la última-. De hecho todos los tribunales de este país hasta llegar al Supremo, que lo ratificó, condenaron al ayuntamiento que él presidía por “fraude tributario conscientemente realizado”. Decidió por su mano mayor no pagar el IVA de una finca. Como siempre hace, se intentó sacudir la responsabilidad culpando al funcionario de turno pero como la mentira tiene la pata corta, serán los habitantes de ese municipio quienes paguen los desmanes del amigo de Mariano.

 

Ignacio Diego, Bárcenas, y las formas…

 

¿Se acuerdan de Bárcenas? Pues fue elegido Senador del PP por Cantabria. Y como regalo, dejó caer, presuntamente, 90.000 eurillos para una campaña electoral tan dopada como infame. Que no lo digo yo, que lo dice Ruz.  Y cómo lucían de sonrientes. Eran los tiempos de vinos y sobres. Era el tiempo en el que el monte era orégano a costa de los de siempre. Los que hoy reniegan del protagonista, ayer ponían la sonrisa de pedir.

 

Pero si por algo se ha hecho famoso Ignacio Diego es por sus formas raqueras y sus modos macarras en el ejercicio de sus funciones. Ya no pintaba bien esa manía suya de pisarle los puros a Miguel Ángel Revilla cuando estaba en la oposición y como mal que no mejora, empeora, en estas estamos, sufriendo a un político déspota, malencarado y maleducado.

 

Ignacio Diego menosprecia a los colectivos sociales

 

No hay colectivo al que Ignacio Diego no haya menospreciado cuando éstos reivindicaban sus legítimos derechos.

 

A los profesores que defendían la Escuela Pública, les llamó vagos, y a los trabajadores de Sniace  -empresa emblemática de Torrelavega, en crisis y a la que la reforma energética de Rajoy sentenció de muerte– que han defendido con denuedo y admirable fortaleza y civismo sus puestos de trabajo, les increpó en la puerta en una de sus visitas-paripé

 

 

 

 

 

 

Y cómo no, a los trabajadores de la Sanidad Pública que se manifestaban para evitar la privatización a la que este Presidente ha decidido llevar a cabo en el hospital de referencia de Cantabria y a la centralización de servicios de laboratorio clínico. En una visita al Hospital de Sierrallana, Ignacio Diego en uno de sus constantes ataques de ira, decidió arrancar cuanto cartel encontró a su trote, entrando en un baño de señoras –muy significativo- a echarlos a la basura. Me imagino a la pobre que saliera del WC en ese momento y viera semejante imagen. Aún estaría en tratamiento.

 

 

 

 

 

 

Ignacio Diego dijo que en 100 días cambiaría Cantabria, y más de 1.000 días cualquier cántabro le reconocería su capacidad de crear desempleados, pobreza, discriminación y hasta enfermos en listas de espera. Un crack. Dijo que conseguiría inversiones privadas de 800 millones al año y lleva tres años mendigando aquí y allá unos milloncejos para construir teleféricos y campos de golf. Cosas que se le ocurren, como dijo en la enésima presentación de un teleférico y que los oídos de esta que les escribe tuvieron a bien escuchar, en noches de copas con alcaldes  amigos suyos. Y así va, trastabillando, que diría mi abuela, llevando a Cantabria cuesta abajo y sin frenos.