EEUU reconoce su fracaso con Cuba

 

 

Desde Bismarck, la realpolitik siempre termina por imponerse y no tanto como deseo o voluntad constructiva por encima de los dogmatismos o fundamentalismos, sino simple y llanamente como el pragmatismo al que nos acostumbran los hombres y mujeres del poder que buscan más los fines en sí mismos, por su pura practicidad, antes que responder a los enunciados de sus convicciones o de los postulados que los llevaron al poder. Insigne es, en este sentido, el refrán esgrimido por González tras su visita al viejo Deng Xiaoping, superviviente de todas las conspiraciones posibles en la China de antes, durante y después de Mao: gato negro o gato blanco, lo importante es que cace ratones.

Estados Unidos ha abierto el camino de la ‘reconciliación’ con Cuba, con quien tenía rota toda relación formal desde la crisis de los misiles, cuando el habilidoso Adlai Stevenson mostró en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas las fotos de las instalaciones de misiles soviéticos en la isla caribeña, dando paso al embargo que durante cinco décadas haría de Cuba un país pobre, atascado en la apariencia de los años cincuenta, pero no sometido al imperio o doblegado por la presión económico financiera y de un aislamiento cuya única rentabilidad – hoy es un hecho – ha sido la de hacer pasar penurias a su población.

 

Cuba no cedió nunca la lógica de su revolución al interés ‘realista’

 

Cuba no cedió nunca la lógica de su revolución al interés ‘realista’ de una política de entendimiento con el vecino del norte. Todo lo contrario, se afianzó en los principios y construyó un discurso, una estética y una dinámica en la que el daño externo retroalimentaba la profundización en los ideales originarios de su régimen. Toda la estrategia norteamericana se ha basado en el encadenamiento ad infinitum de fracasos estrepitosos, ya fuera con el apoyo a Batista, Bahía Cochinos, el embargo, la ley Helms-Burton, la agitación del Mariel o el caso del niño Elián González. Todo un sinfín de fracasos y hechos basados en el principismo de una política de ahogamiento y destrucción del adversario. Una política única ante Cuba.

Obama ha abierto la mano con Cuba y ha reconocido, en sorprendente alocución presidencial, imprevista por más que algunos ahora digan que estaban al corriente por las negociaciones para la liberación de Gross, que todo lo andando no ha conducido a ningún sitio, y no solo ha hecho un canje inédito de presos sino que ha iniciado el proceso de normalización diplomática que determinará, eso es inevitable, el fin de un embargo injusto, cruel y estúpido.

La administración americana ha tardado veinticinco años en entender el significado del fin del comunismo soviético y la forma en la que este se derrumbó con solo rasgar un poco la pátina revolucionaria del sistema con un flujo creciente de apertura y mano diestra. Es cierto que la represión fue lo que llevó a Gorbachov a crear las condiciones del fin de la URSS, pero no lo es menos que Cuba sobrevivió a la caída de fichas de dominó del Este y se afianzó gracias a la ayuda, pocos años después, de China o Venezuela. Hoy América es distinta y son mayoría los gobiernos que no solo recelan de esa actitud imperial sino que la condenan y trabajan contra ella.

 

Mano diestra, apertura y realpolitik

 

Mano diestra, apertura y realpolitik son las únicas armas que le quedan a la administración norteamericana para desmitificar la memoria del Ché o de Camilo. Y lo tiene difícil porque los errores acumulados – la última sandez ha sido financiar a unos petardos que hacen hip-hop en vista de que la bloguera en nómina, Yoani, no conseguía encumbrarse al fetichismo democrático – pesan mucho sobre la conciencia de un pueblo maltratado que se resiente, con razón, de un sufrimiento insípido que ha impedido una evolución natural a un régimen de socialismo democrático en unas condiciones de partida – las de los verdaderos éxitos de la Revolución- que ya quisieran para sí cualquiera de los países de Centroamérica o del Cono Sur.

Ahora, Cuba debe saber que la ‘occidentalización’, es decir, el libre comercio o la irrupción de los negocios avalados con capital privado foráneo, las comunicaciones y la tecnología harán difícil sostener el viejo ideal defendido en la soledad de la isla. Cuba debe prevenirse de la corrupción siniestra – en todos los ámbitos-, que en unas estructuras fáciles de infectar puede prender con extraordinaria comodidad. Ese será el mecanismo de la nueva realpolitik de Obama para el futuro. No tenemos ninguna duda. Veremos cuál será el mecanismo de Cuba.

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