Teresa Romero: «Me sentí coaccionada para decir cómo me contagié»

«Me sentí coaccionada para decir cómo me contagié».Teresa Romero asegura que el peor momento de los 21 días que permaneció aislada en el Hospital Carlos III de Madrid mientras estaba contagiada por el ébola fue al poco de entrar en el hospital, cuando se presentó en la habitación de aislamiento un doctor. «Fue un interrogatorio. Insitía -el médico- que no iba a salir de la habitación hasta que no le contara como me había contagiado».

Teresa, con fiebre y diarrea, y terriblemente «asustada» porque era consciente de tener el ébola ha asegurado en una entrevista concedida al programa de Mediaset  Un Tiempo Nuevo  y que solo estaba deseando que el médico se fuera, «que me dejara en paz», ya que incluso le espetó que si se «habíallevado algún fetiche» -unas gafas- de la habitación del padre Miguel Pajares. Fue en ese momento de angustia y desesperación cuando comentó que «a lo mejor me toqué con el guante», pero insistió que hizo ese comentario para que la dejara en paz  y se marchara de la habitación.

Teresa: «Me sentía incómoda»

Rápidamente, Teresa Romero comenta que es el único momento en que no se sintió cómoda, ya que el resto del tiempo de convalecencia solo ha recibido muestras de cariño y de ánimo de sus compañeros y de todo el personal que la atendió. Incluso cuando ingresó «pensaba que no iba a estar nadie para recibirme. Y ahí estaban -sus compañeros- tres, que no solo me daban ánimo sino que incluso me comentaron que esta Nochevieja teníamos que cenar juntos, e incluso me contaban lo que íbamos a comer».

Teresa Romero ha afirmado en la misma entrevista que se enteró por la prensa que estaba contagiada por el ébola, que nadie le informó de su contagio  mientras estaba en Urgencias del Hospital de Alcorcón y que se alertó porque cesaron las visitas del equipo que la atendía. «Me venían a ver cada hora y de pronto me quedé sola, sin que nadie entrara en la habitación».

Como tenía junto a ella el teléfono móvil, navegó por un diario digital y entonces leyó que «había dado positivo dos veces por ébola». Entonces fue cuando «se hundió psicológicamente», se vino abajo y se asustó de lo que le venía encima.

Teresa cargó durante la entrevista contra el protocolo, narró que  su único entrenamiento fue asistir a una charla en la que les explicaron cómo vestirse o desvertirse horas antes de que llegara a Madrid el primer misionero contagiado, que los supervisores de esas maniobras eran  compañeros que tampoco «tenían la formación adecuada» y que en los momentos en que fue atendida en Alcorcón pensaba en el «coraje y valor» que tenían porque entrababan sin las medidas de protección adecuadas.

Sobre la querella presentada contra ella por la facultativa del Centro de Salud, Teresa inisite en que comunicó su situación, pero no quiso entrar en polémicas ni en cruces de acusaciones y aún así entiende que ella «quiera defender su verdad»,

Teresa asegura que para ella ha comenzado «una nueva vida», y es nueva porque no sólo ha sobrevivido al virus, sino porque no puede afrontarla con su mascota Excalibur, a quien echa de menos todos los días. Que vive en su casa de siempre, aunque se queja del proceso de desinfección de su domicilio. «No se que empresa vino a desinfectar, ni que criterio tuvo, me tiraron el 90% de mis cosas», y contó como anécdota que le tiraron la parte de abajo de un bikini y no la de arriba, que han desaparecido las cafeteras caras y le dejaron las viejas.

Aún así, afronta con fuerza el futuro, aunque asegura que todavía se siente débil.