Podemos quiere ocupar la centralidad del debate público

Podemos se modera porque necesita de un amplio respaldo electoral para constituirse como alternativa y para no diluirse como un simple azucarillo al pasarse el efecto del rechazo social provocado por la rabia y la  indignación ante las estrategias seguidas por los dos últimos gobiernos para abordar la crisis. Podemos necesita ser una respuesta positiva, es decir, dar un paso más, además de concitar el apoyo por el rechazo a  la gestión realizada – el efecto escoba que barra a la casta y a la corrupción – y  para ofrecer un nuevo modelo frente al aprovechamiento oportunista que hay para desmantelar el estado de bienestar y crear nuevas ‘oportunidades de negocio’ en el espacio social.

Para lograr todo eso hay que gobernar. Y para gobernar es preciso ocupar la centralidad del espectro político. La centralidad no es el centro, sino el eje sobre el que se establece el debate público. Son cosas bien distintas. Podemos no pretende ocupar el espacio asignado al vaciamiento ideológico, que los expertos llaman ‘centro político’, sino absorber de todos los campos de la ideología los votantes que confíen en un proceso de cambio constitucional y de ‘régimen’.

Eso es la transversalidad. Por eso huyen de referencias clásicas a la hora de asignarse un rol político. No son la ‘nueva izquierda’ porque para ocupar la centralidad el concepto izquierda en contradicción con el de derecha limita las opciones. Para crecer en la dimensión que quieren, hay que recoger la confianza de un amplio abanico de sectores, algunos de ellos incómodos con la asignación de esa definición clásica del conflicto político entre izquierda y derecha. Y hasta ahora ese es uno de sus principales aciertos, al menos en términos de resultado en las Europeas y en las previsiones de todas las encuestas, incluidas las más desfavorables.

 

Podemos gira: de la la izquierda y la derecha a arriba y abajo

 

Han creado una nueva idea producto de una lectura clásica: arriba y abajo. No se trata de la mítica serie sobre la familia aristocrática londinense Bellamy, y de su leal mayordomo y el resto del servicio, aunque ese programa televisivo refleja bien la estructura que Podemos quiere denunciar. Los de abajo sostienen con su trabajo, sufrimiento, necesidades, carencias, a los de arriba, parasitarios de su esfuerzo y constituidos como los propietarios del régimen económico y político en todas sus formas, además de ubicarse donde se recibe una metafórica la luz del día  que facilita   del disfrute de la existencia.

Podemos ha irrumpido para cosechar el desencanto sembrado. Y sabe que para lograrlo debe dar forma política al rechazo, al menos, hasta ahora así lo ha hecho, transformando la indignación del 15M en una respuesta política. Ahora, si quiere progresar en la dirección de consolidarse como una opción real de poder, debe contestar a las preguntas que se hace la gente, y a medida en que se vayan acercando las elecciones debe hacerlo con mayor claridad. No solo a las preguntas de los periodistas, también a los interrogantes de un electorado que ya no regala su voto con alegrías y que una vez pasado el efecto ‘cabreo’ es decir el respaldo por reacción, acepten llegar a entregar el voto en la elección verdaderamente decisiva. Y eso exige que las respuestas que ofrezca sean al menos convincentes.

En un océano de engaños e incumplimientos propios de los partidos que se han alternado en el poder, la sabia de Podemos es el nutriente de una expectativa real de cambio y su consistencia ante el elector radicará no tanto en la efectividad final de su programa, como tanto insisten los economistas oficiales, sino, sobre todo, en el cumplimiento de la voluntad manifestada, en la demostración de que no ‘había cara B’ en el discurso.

Por eso las críticas que recibe Podemos estos días, basadas en la dudosa efectividad de lo propuesto en su programa económico, pueden ser irrelevantes porque lo importante estriba en la voluntad de comprometerse a intentar a hacer las cosas bien de acuerdo con los compromisos adquiridos y de llegar hasta el punto real  a donde las circunstancias le permitan llegar sin una traición programada de antemano.

 

Ya entramos, de lleno, en una nueva etapa de Podemos

 

El giro a la realidad de las posibilidades sin renunciar a la esencia de su naturaleza es un paso en esa dirección. Tratan de definir nuevas herramientas, y Podemos ha demostrado que el control del lenguaje es indispensable. Hecha la denuncia de la deriva del sistema, ofrecen una referencia de credibilidad: tratan de presentarse como la propuesta política que el PSOE renunció a ser, siguiendo el curso de su evolución, y que Izquierda Unida nunca consiguió representar. Unos por la vulneración continua y sistematizada de su propuesta y los otros por su incapacidad para conectar con la gente y materializar sus ideas.

Ellos dicen que no hay nada extraño en su apuesta económica, que responde a la tradicional socialdemócrata. Es decir, que en la base de su argumentario  sitúan la aportación de la socialdemocracia, esencialmente la nórdica europea, una vez que el PSOE se ha trasladado buscando el centro a la periferia de la centralidad, confundiéndose con el PP. Lejos, las experiencias latinoamericanas que tanta discusión provocan.

Navarro y Torres han sido los encargados de la redacción del texto económico que debate el Consejo Ciudadano de Podemos y que fue presentado esta semana en un multitudinario acto con los medios de comunicación. Uno, con vínculos con IU y el otro con el PSOE. Así queda definido, con ambos rostros,  el espacio en el que pivotará su discurso, pero abierto a cualquier simpatía, como decíamos.

La estrategia de la confusión auspiciada desde el poder de los medios tendrá, en adelante, dificultades para hacer daño a la formación de Pablo Iglesias, salvo por el recurso a los adjetivos ya desgastados de sus ataques anteriores. Ahora, habrá que hablar de política con podemos del mismo modo que se hace con los demás.

Podemos: transversalidad, centralidad, arriba y abajo y propuesta socialdemócrata en su sentido más original, el que construyó el bienestar en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Un desafío para que los demás aseguren con solidez su espacio y definan, ahora les toca a ellos, su programa, aquel con el que piensan tener una respuesta propia, clara y convincente para abordar el futuro..