Alta para Teresa, pero poco más…

Teresa Romero recibirá el alta hospitalaria, como antes le ocurriera en EE.UU a la enfermera Nina Pham. Sin embargo, ya hemos visto que en el camino recorrido por ambas, todas las similitudes que a priori podían haberse buscado entre sus casos se han tornado diferencias, principalmente en lo que corresponde al trato humano.

Porque Nina Pham salió del hospital rodeada de los médicos que la trataron y la apoyaron desde el primer momento. En vísperas de su salida, no está previsto que Teresa lo haga. Entre los médicos, se encuentran los que la interrogaron en su estado febril y quienes dieron una rueda de prensa contando que ella ‘se había tocado la cara con un guante’, la puerta abierta a la especulación sobre ‘su culpa’ en el contagio.

Teresa no es Nina Pham

Nina Pham fue recibida por el presidente de los EE.UU en la Casa Blanca inmortalizandose el momento con una instantánea que ha dado la vuelta al mundo: la de Barack Obama abrazándola, desestigmatizándola ante cualquier duda y lanzando un mensaje de apoyo y de humanidad que no hemos visto en España.

A Teresa no se le ha dado calor y no entra en las quinielas que el presidente Rajoy vaya a protagonizar un gesto similar, ni él ni ninguna de las autoridades sanitarias que llevaron su caso. Ni la ministra Ana Mato, ni el consejero de sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez, el político que la ofendió llamandola mentirosa, irresponsable, torpe, inacapaz…

Tampoco veremos a Teresa pasear con su mascota por las calles de su barrio, no se producirá el encuentro que en el caso de Nina Pham si se ha dado. A Teresa le han arrebatado ese momento.

Sí veremos a las plataformas de apoyo que durante su aislamiento se han congregado varias veces bajo su ventana en el Hospital Carlos III. Estarán ahí una vez más para recibirla y darle el abrigo que desde las instituciones le han negado.

También la veremos caminar de la mano con su marido, Javier Limón, un sustento incansable durante el calvario atravesado por ambos. Sí les veremos comenzar una nueva vida, sin uno de sus seres más queridos, pero con el abrazo de una sociedad que pese a la frialdad oficial se ha entregado a un noble calor oficioso que reconoce la valentía y el sufrimiento de Teresa, la profesional que se ofreció voluntaria para enfrentarse, por ayudar a un enfermo terminal, al peligro más mortal.