Iguala, México: Cuatro claves para explicar la tragedia

 

Patricia Concejal/Irispress

Los 43 estudiantes desaparecidos el 26 de septiembre en el municipio de Iguala son «solo» la punta del Iceberg de lo que viene sucediendo en algunos estados de México en los últimos años. Son muchas las zonas del país americano en las que el gobierno es en realidad puro desgobierno y los ciudadanos no pueden contar con sus autoridades para buscar protección.

1. LA MILITARIZACIÓN NO SIRVE

 

El anterior gobierno mexicano inició con Felipe Calderón a la cabeza una guerra contra el narcotráfico que Nicolás Peña Nieto, del PRI, continúa en la actualidad, pero los resultados no están siendo los esperados y en parte el problema está en la estrategia. Desplegar agentes en las zonas conflictivas no ha supuesto una reducción de la violencia ni de los trapicheos de los cárteles, al contrario. La difícil atmósfera en la que se desarrollan estas actividades, a menudo inmersas en un mar de pobreza y desesperación genera una corrupción que envuelve a las fuerzas de la ley y a las autoridades locales. Todo el mundo quiere sacar tajada a cualquier precio, en el caso de Iguala,  en el estado de Guerrero, y en el de muchos otros municipios los ciudadanos se encuentran solos, sin más armas que su propio coraje y valentía.

2. DESTRUCCIÓN DE LAS HERRAMIENTAS

 

En este marco de conflicto lo que interesa a los corruptos es una población sin herramientas, y la herramienta por excelencia siempre ha sido la educación, la formación, el conocimiento. Es por ello que la escuela de normalistas de Iguala, de corte progresista, que supone la esperanza de futuro para los jóvenes del lugar ha sido objeto de múltiples ataques y agravios desde su fundación. El último de ellos ocurrido el pasado 26 de septiembre ha colmado la paciencia de los habitantes de Iguala, hastiados se han echado a las calles para protestar y exigir una respuesta contundente por parte de un gobierno que lejos de ofrecer réplica lleva tiempo escondiendo estas vergüenzas bajo la alfombra.

3. LA CONNIVENCIA COMO AZOTE

 

En lugares como Iguala no hay ley

Solo la policía cede ante la tentación y la extorsión de las mafias que atemorizan a los ciudadanos, sumándose a sus actividades delictivas. En lugares como Iguala no hay ley, pero tampoco gestión, ni persecución. En localidades como Iguala parece que gobiernan los narcos. Los ejecutivos locales no son más que peones, son figuras de cartón piedra que se ocupan de que los capos de la droga campen a sus anchas. Tras ordenar el ataque contra los estudiantes en el que murieron seis personas y tras el que desaparecieron los 43 que Iguala busca sin descanso, el alcalde y su mujer pusieron pies en polvorosa, toda una declaración de culpabilidad implícita en su acto. De momento el gobernador del estado de Guerrero ha dimitido tras años de ver pasar por delante de sus narices situaciones de índole muy similar a ésta.

4. UN RESPIRO PARA PEÑA NIETO

 

Con la dimisión del gobernador y la detención del jefe de Guerreros Unidos, el cártel que más tiempo llevaba operando en la zona, el presidente Nicolás Peña Nieto ha cogido algo de aire, aunque tiene que lidiar aún con la búsqueda de los estudiantes desaparecidos. La cuestión es que una vez ha estallado esta bomba, detener al capo ha sido relativamente fácil, apenas un mes después de los hechos, luego ¿Por qué no se ha hecho antes? ¿Se podía haber evitado, al menos, esta tragedia? ¿Qué papel juega aquí la desidia? ¿Es la corrupción política de tal magnitud que no ha interesado hasta ahora, con un huracán arrasando México, atajar el problema?