Ébola: cronología de una llegada anunciada

El ébola llegó a  España mucho antes de lo que pensábamos. Irispress ha tenido acceso al testimonio de una trabajadora del Hospital de La Paz que asegura que desde el mes de abril los profesionales sanitarios del citado hospital y el Carlos III vienen denunciando la escasez de medios y formación que existía y existe ante emergencias como a la que ahora nos enfrentamos.

Según ésta profesional todo comenzó cuando el Hospital Carlos III de Madrid pasó a ser administrativamente parte del de La Paz y se proyectó convertirlo en un centro que albergara largas estancias. Esto acarreó la supresión de la unidad de alertas y emergencias de enfermedades altamente infecciosas y pandemias. Así, a finales de abril se produjeron las dos primeras alertas por ébola en España, afortunadamente ambas se descartaron. Ante la primera alerta el caso se derivó directamente al Carlos III de Madrid, donde ya no había unidad de cuidados intensivos ni personal formado para tratar la emergencia. Con este panorama, el Ministerio autorizó la llegada de un segundo paciente que viajaba desde un país africano a París y que presentaba toda la sintomatología. El paciente ingresó en el Carlos III como también lo hicieron Miguel Pajares y Manuel García Viejo. Los trabajadores comenzaron entonces a protestar y a exigir formación de calidad  pero sus peticiones cayeron en saco roto, de hecho denunciaron a mediados de julio ante la fiscalía y pusieron en conocimiento de distintos organismos públicos la situación en la que se encontraban. La formación que recibieron en abril se limitó a unas simples instrucciones para colocarse el traje de seguridad, se redactaron protocolos pero no se difundienron. Las autoridades no dieron importancia a las consideraciones de estos profesionales y les trataron prácticamente como si fueran unos paranoicos al haber sido descartadas estas dos primeras alarmas por ébola.

Repatriaciones

Las protestas y los escritos se elevaron cuando el gobierno decidió repatriar al primer misionero infectado de ébola, Miguel Pajares. La Paz, designado como centro de referencia no tenía  las instalaciones adecuadas así que se decidió improvisadamente enviar al religioso al Carlos III donde aún seguían en pie, casi de milagro, las habitaciones de presión negativa (habitáculos con un sistema de ventilación que impide que el aire del interior salga al exterior) necesarias para tratar pacientes con enfermedades infecciosas graves. Con lo que no contaba el Carlos III era con el personal debidamente instruido para manejar esta situación, así que se optó por mandar por turnos a distintos trabajadores del área de cuidados intensivos de La Paz, a los que se citaba una hora antes del comienzo de su turno para darles un cursillo rápido sobre el tratamiento de pacientes infectados por el virus del ébola que, como hemos dicho antes, se limitaba a mostrar el procedimiento de atavío. Procedimiento que desde abril hasta este momento cambió, porque cambió el traje. En el caso de la auxiliar infectada de ébola, recibió aquellas primeras instrucciones en primavera, pero tras un periodo vacacional nadie le puso al corriente de las novedades.

Precariedad de medios

Así, con una hora de cursillo los profesionales sanitarios se enfrentaron al ébola, profesionales a los que, además, se envió de manera prácticamente aleatoria, sin tener en cuenta peso, altura y otros rasgos fisiológicos de relevancia a la hora, por ejemplo, de ponerse el traje. También debería haberse tenido en cuenta (y esto está regulado por ley) el número de sanitarios que se reclutaba para la tarea, habiendo sido lo ideal mandar al mínimo posible.

Este es el camino sembrado de minas que nos ha traído a la presente situación, en la que la auxiliar que trabajó en los casos de Miguel Pajares y Manuel García Viejo sufrió  el contagio de ébola a causa del río de negligencias en el que navegaba. La trabajadorá notificó el 30 de septiembre los síntomas y fue derivada a su centro de salud pese a saberse que había estado en contacto directo con los dos enfermos, al parecer, los trabajadores no son considerados población de riesgo al ir supuestamente protegidos.