La Revolución China de los Paraguas en imágenes

Siete días que pueden cambiar China: Miles de paraguas alzados para protegerse de los gases que lanza la policía, miles de personas de toda edad y condición ocupando calles y plazas públicas, resistencia pasiva frente a las fuerzas de seguridad, solidaridad de la población civil en forma de comida, ropa y cualquier cosa que (sigue) haga más fácil la permanencia en la vía pública, consignas vitoreadas por los manifestantes llamando a una protesta pacífica reclamando cambios en el sistema, servicios de seguridad internos para evitar que se produzcan encontronazos con la policía, amplia difusión de las protestas a través de las redes sociales.

No se trata de una evocación a la pasada Primavera Árabe, ni a los acampados de la madrileña Puerta del Sol del 15M o al “Toma Wall Street” o resto de los movimientos de “Los Indignados”. Es el día a día en el corazón financiero de Hong Kong, en manos de militantes de la desobediencia civil.

Y se la conoce como “La Revolución de los Paraguas” y surge como colofón a una serie de manifestaciones organizadas por los estudiantes de la ex colonia británica, ahora territorio de China, aunque con un estatus especial, reclamando que se cambien las reglas del juego para la elección del gobernador de la isla prevista para 2017.

Brazos cruzados

Su seña de identidad, además de los paraguas son brazos en alto cruzados. La acampada cumple su segundo fin de semana y sus organizadores auguran que será larga, hasta que logren sus objetivos. Que no son otros que cambiar la ley que les permite elegir por sufragio directo a su próximo gobernador pero sólo entre los candidatos que proponga una comisión desde Pekín. Piden también la dimisión del gobernador de la ciudad, al que consideran un títere en manos del Gobierno chino.

Aunque como verdadero telón de fondo subyace el malestar de una sociedad con profundas desigualdades sociales y falta de oportunidades.  A pesar de la riqueza de la ex colonia, casi el 20% de la población vive bajo el umbral de la pobreza y cuenta con la desigualdad más grande entre ricos y pobres de las llamadas economías desarrolladas.

No tienen líderes claros, aunque al frente de ‘Ocuppy Central‘ está  un profesor universitario de Derecho, un sociólogo y un pastor baptista, y organizaciones estudiantiles como Scholarism, con un portavoz  convertido casi en héroe por ser uno de los detenidos el viernes y luego liberados 48 horas más tarde.

De manifestación a ocupación

Las manifestaciones se tornaron en ocupación de las calles el viernes 26. Convocados por Ocuppy Central, una numerosa porción de estudiantes decidió continuar su protesta sentándose pacíficamente en el pavimento. Decidieron cortar las avenidas que conducen al corazón financiero de Hong Kong y permanecer allí.

A pesar de la contundencia con la que se empleo la policía, no pudo desalojarlos de las avenidas. Su efecto fue el contrario, avivó la llama de la ‘revolución’. El domingo, la protesta tomaba el sesgo de ocupación permanente.

La magnitud de la protesta ha pillado por sorpresa a las autoridades locales que siguen defendiendo la legalidad vigente. El gobernador afirma que no habrá cambios en la legislación. Tampoco –dice- va a dimitir,  pero al mismo tiempo ha mandatado a su segundo para que inicie un proceso de negociación con los ‘indignados’ que ponga fin a las protestas.

Han  pasado 26 años de las protestas en la plaza de Tianananmen en Pekín. Entonces la foto de un joven intentando parar la marcha de un tanque dio la vuelta al mundo. Hoy, un paraguas abierto es la expresión del principal problema  político al que se enfrentan los dirigentes de la República Popular China.