Hongos creciendo en los techos de un antequirófano en un hospital madrileño. Techos que se vienen abajo por las lluvias, enfermos amontonados en los pasillos de Urgencias mientras se cierran alas o plantas enteras y las habitaciones se convierten en almacenes de material que se va estropeando. Son imágenes del deterioro de un servicio, fruto de los recortes.

La denuncia está en las redes sociales y plataformas de profesionales y de colectivos integrados en la Marea Blanca son quienes las difunden como @PATUSALUD.

Un ejemplo, el hospital público Ramón y Cajal de la Comunidad de Madrid ha cerrado 250 camas en los últimos cuatro años, pero como les ocurre a todos los grandes hospitales en esta comunidad, los pacientes se hacinan en Urgencias esperando para pasar a planta y las listas de espera quirúrgicas no disminuye.

Los colectivos sanitarios denuncian, además del cierre de camas hospitalarias -en el Ramón y Cajal 250 en los últimos cuatro años- que desde agosto de 2013, los centros hospitalarios son “sometidos a Unidades de Control Financiero” (control de gastos mes a mes).

Unos controles que se “están dejando sentir en la disminución de la actividad asistencial, en el cierre de camas, el colapso de las urgencias, el aumento de las listas de espera quirúrgica y de primera consulta al especialista, en resumen, en la calidad del servicio”, según la Asociación Madrileña de Enfermería.