La ventana del ébola

El Gobierno se acomoda en el mantra de “cuidado con la información sobre los casos de Ébola para no provocar alarma social” y sigue asegurando a través de sus diferentes portavoces que no existe peligro real para la población de contagio, que se están adoptando todos los protocolos de gestión para minimizar los riesgos.

Una afirmación que todos los colectivos sanitarios a través de sus diferentes organizaciones relativizan o desmienten. De todos los mentís, nos quedamos con una carta en primera persona de un enfermero de la UCI de La Paz.

Este sanitario acusa al Ministerio, en primer lugar, de acomodar los protocolos a sus intereses y ocultar las carencias de La Paz para posibles casos de este virus y relata que previa a la repatriación de Miguel Pajares “el servicio de Medicina Preventiva del hospital imparte dos charlas informativas (45 minutos) de como son los equipos de protección personal necesarios. En aquellas charlas y por la inexperiencia del mismo personal que las impartía, los trajes se rasgaban, sustituían las calzas por bolsas de plástico, no existían escafandras completas y venían a decir poco más o menos que había que hacer un apaño para cubrirse la cara con cinta de carrocero.”

Voluntarios a la fuerza contra el ébola

Ante la evidente falta de preparación de los sanitarios y la carencia de un protocolo riguroso para abordar este tipo enfermedades y tras presentar la correspondiente denuncia, finalmente se opta por el Carlos III como centro de referencia cuando se decide trasladar al sacerdote.  “Así, durante toda la tarde del 6 de agosto y a toda prisa personal de ambos hospitales fueron dotando de medios dicha planta. Dándose casos curiosos en los que enfermeras del hospital La Paz transportaban en su propios vehículos material carente en el Carlos III. (Esto sí que es Marca España)”, relata el enfermero.

Aun así las autoridades sanitarias determinan que sea el personal de La Paz quien atienda a Miguel Pajares. Efectivos a “se les obliga a desplazarse con coacciones y amenazas de perder su puesto de trabajo o abrírsele un expediente disciplinario si se niega a ser enviado al Carlos III”. Segun el relato, son las mismas enfermer@s los que una vez allí -en el Carlos III- se informan de unos a otros como es el proceder y como hay ponerse las medidas de protección.

Asimismo, la misiva denuncia que al personal –todo el que forma parte de la UCI- no se le practica desde que comenzó  el tratamiento al enfermo “ningún tipo de seguimiento ni medida epidemiológica cautelar. Una vez terminado su turno se marcha alegremente a su casa y al día siguiente, si no te toca volver al Carlos III pues vas a trabajar a la UCI de la Paz con enfermos de diversa etiología en muchas ocasiones Inmunodeprimidos”.