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valentine

Un 14 de febrero más, el mundo que goza del privilegio de tener pareja se dispone a despertarse con un regalo de la persona con la que comparte su vida. Al fin y al cabo, la tradición nos obsequia con una jornada destinada al amor, aunque también será la jornada que Europa dedica a la salud sexual.

Es el día donde se olvidan los pecadillos de pareja y aquellos hechizados por Cupido se disponen a vivir unas horas tocados por los buenos recuerdos vividos en la relación o los votos que han de llegar. Al fin y al cabo, nuestra memoria selectiva funciona poniendo por delante aquello que nos gratifica y no lo que nos mortifica.

Pero como después del 14 viene el 15, y con él la vuelta a la rutina, allá va para los rencorosos o para los precavidos un sencillo consejo que, cuando menos, le ayudará a prevenir si ha tomado una buena decisión -en cuanto a la fidelidad- a la hora de unir su destino a otra persona. View full article »

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Los amantes de las acrobacias sexuales conocen bien que, además del salto del tigre, determinadas contorsiones no están exentas de peligros. En alguna ocasión ya hemos comentado desde estas páginas que la espalda es la principal perjudicada cuando dejamos de lado el misionero para adentrarnos en las procelosas lecturas del Kamasutra.

Los varones, inconscientes ellos, se afanan en demostrar su versatilidad a la hora de la conyunta, pero al mismo tiempo viven atormentados ante la remota y dolorosa posibilidad de que se acabe rompiendo su instrumento del amor durante el arrebato de pasión. View full article »

sexo en sueños

Hoy vuelvo a uno de nuestros temas favoritos, y recurrentes, el sexo. Será porque es viernes y no se me ocurre nada mejor que hacer o porque hace mucho frió o, simplemente, porque soy un poco reiterativa. El caso es que no hace muchos días, escuchando conversaciones ajenas -otra de las  aficiones favoritas de los entomólogos-, una adolescente se quejaba a otra de que su noviete era de los de pensamiento único y se lamentaba de que tan pesadito se ponía que “seguro que hasta durmiendo piensa en ello”.

Así que, acicateada, me puse a rebuscar entre la literatura al uso. Lo primero sorprendente es que los sueños sexuales -o si lo prefieren, tener sexo mientras se duerme- no son algo raro: cerca del 10% de la población los tiene. Y como todo en cuestión de sueños, abre un cierto campo a la interpretación. View full article »

peces sexo

Por el título ya imaginarán de qué van la siguientes líneas. De sexo… pero no se me pongan en situación, que la cosa sucede bajo el agua y tiene como protagonistas a unos pececillos. Así que fuera fantasías. La cópula es algo frecuente en el mundo animal de los vertebrados, pero los historiadores no acaban de ponerse de acuerdo sobre cómo desarrollaron este saludable hábito. Al menos, hasta ahora.

Resulta que este invento tan placentero fue obra y milagro de unos peces, por supuesto ya desaparecidos, llamados placodermos, más o menos la friolera de hace unos 385 millones de años en una parte del planeta que hoy ocupa Escocia, en concreto en zonas de agua dulce. Estos pececillos desarrollaron, los machos, una extremidad sexual en forma de letra L (ósea) que servía para transferir el esperma y ellas, unos pequeños huesecillos (pares) que servían para colocar el miembro en el sitio correcto para favorecer el apareamiento y la cópula. View full article »

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Para gustos, los colores; y en cuestión de sexo, el Kamasutra y las variaciones que la imaginación, la pasión y el ardor del momento nos procuren. Ahora bien, si forma parte de los que se dejan llevar por el asunto, cuidado, que esos minutos de placer pueden acabar convirtiéndose en un auténtico calvario para el resto de la jornada.

No todo el catálogo de posiciones descrito en el milenario libro hindú están al alcance de los mortales, no en vano nuestra anatomía ha sufrido alteraciones por elevarnos sobre nuestras piernas y eso deja a la espalda demasiado vulnerable. Así que este artículo va dedicado a los aficionados, pero delicaditos. View full article »

 

sexo que mata-moscas

Foto de kconnors

El sexo mata. Tal cual, como lo están leyendo. Y estas líneas no van de la mantis religiosa ni de los animales que acaban con sus congéneres/partenaires cuando termina la cópula. Tampoco de enfermedades de transmisión sexual y ni siquiera de esas obsesiones —innatas o fruto del machismo— que se convierten en problemas psiquiátricos que acaban en tragedia. Este artículo va de las oportunidades que surgen para los depredadores cuando es el momento del apareamiento.

Partimos de la base que todos los rituales de apareamiento suelen resultar vistosos, en ocasiones atractivos y, en otras, repletos de sonidos característicos. Es decir, que no suelen pasar desapercibidos. Por otra, de sobra es conocido que cuando llega el momento del celo, los machos pasan a ser animales de pensamiento único —alguna seguro que se extraña de esta afirmación y añadiría que cuándo tienen ellos más de un solo pensamiento— y se descuidan. View full article »

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A veces las relaciones sexuales no resultan placenteras. No nos queremos parecer a ninguna campaña publicitaria de ningún producto, pero ¿quién no ha pasado alguna vez por una experiencia desagradable en forma de irritación o incluso dolor cuando hemos practicado el sexo?

Si eliminamos todo el romanticismo e incluso lo puramente sexual, lo del coito se puede reducir a su expresión más simple: una cuestión de fricción de dos cuerpos. Y ya sabemos que en física o la mecánica, el roce —provocado por la aspereza, la piel, o la fuerza en que se produzca— es sinónimo de desgaste o de calentamiento. Y eso se acaba traduciendo en dolor.
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condom

Los más jóvenes los usan sin más —y es necesario y conveniente— pero seguramente no saben que se trata de un producto cuya vida apenas tiene algo más de medio siglo. Nos referimos a los condones de látex, el método preventivo de enfermedades de transmisión sexual más seguro.

Desde que el ser humano tomó consciencia del proceso reproductivo y, sobre todo, desde que descubrió que el sexo es placentero de por sí y relacionó determinadas enfermedades con la práctica indiscriminada del sexo, ha utilizado este tipo de artilugios para protegerse.

Pero lógicamente no resultaban cómodos. Se sabe que egipcios y romanos fabricaban sus propios condones utilizando como materia prima las tripas de animales. Cumplían su función profiláctica, pero sin duda las sensaciones no eran nada placenteras. A su favor, o no tanto, que resultaban reutilizables, bastaba con lavarlos.  View full article »

disfuncion erectil

Cualquier nuevo hallazgo que confirme que la práctica del sexo resulta saludable será siempre bienvenido, al menos por la parte masculina que redacta estas páginas. Y la población masculina en general aplaudirá, sin duda, aquellos estudios que aseguren que la cantidad o la frecuencia, amén de la calidad, resultan fundamentales para mantener viva durante más años la actividad sexual.

Así que, siguiendo este argumento autocontemplativo, allá va el último publicado: los varones que dan rienda suelta a su sexualidad tres o más veces por semana reducen hasta cuatro veces las posibilidades de padecer disfunción eréctil. La noticia resulta gratificante no solo porque es un buen hilo argumental para deshacer las reticencias de la contraria —“Mira cielito, que si no lo hacemos hoy, quién sabe qué podrá pasar el día de mañana”—, sino porque supone una nueva terapia para esas molestas caídas sin respuesta que dejaban sin llama la antorcha de nuestra pasión. View full article »

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Hoy toca hablar de sexo… otra vez. Bueno, para ser más preciso, de atracción. Ese nosequé que hace que perdamos el sentido por alguien. Aunque mi amigo y compañero de blog Eduardo Costas se ha decantado siempre por algo tan frío como la simetría a la hora de establecer esa guía invisible que nos dirige hacia el ser amado, yo personalmente me he decantado por la cuestión de las hormonas, ya saben por aquello de la química.

La discrepancia forma parte del quehacer científico, es lo natural,  pero hete aquí que vienen unos israelíes y pretenden ponerlo todos patas arriba: ni simetrías ni feromonas, la cosa —según ellos— tiene que ver con algo tan tontorrón como compartir una serie de genes en la pareja. View full article »