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El alga kelp contiene fucoidan, que protege a la médula ósea de la radiación

A estas alturas del debate sobre las consecuencias para la salud tras la catástrofe nuclear de Japón, quizás sea el momento de detenerse a observar la capacidad de la naturaleza para vencer una crisis de este calado. De hecho, el miso (compuesto fermentado derivado de la soja: no es lo mismo que la soja per se) supuso una clave en la supervivencia de los afectados en Hiroshima por su capacidad de ayudar al cuerpo a enfrentar los problemas de la radiación.

Resulta gratificante asomarse al reino vegetal y comprobar la amplia variedad de productos que ayudan a vencer o prevenir los efectos nocivos ante una contaminación radiactiva.  View full article »

Trabajadores de TEPCO construyendo una bomba de agua para la central de Fukushima. Foto del PACOM

Fukushima es hoy un paraje muerto. Lo más parecido a un mundo deshecho por un enemigo invisible y demasiado poderoso. A punto de cumplirse un mes del devastador terremoto y posterior tsunami que asoló la costa este de Japón, la catástrofe provocada por la central nuclear sigue siendo incalculable. Los núcleos de tres de los seis reactores de la planta han fusionado de forma parcial, un cuarto se encuentra en un estado deplorable y la vasija de contención del reactor 2 cedió hace días a la ardiente presión interna, dejando escapar al mar más de 11.500 toneladas de agua colmada de yodo-131 y cesio-137, dos elementos altamente radiactivos.

He aquí el escenario ideal para otra novela de Cormac McCarthy, si no fuera porque al otro lado del perímetro de aislamiento hay miles de personas aguardando la sentencia sin una mueca en el rostro. Y lo que es más sorprendente: asumiendo con cierta resignación que la contaminación que emana de Fukushima ya ha saltado a la cadena alimentaria. El Gobierno de Tokio ha difundido dónde reside la condena. Esta misma semana han descubierto gigantescas dosis de cesio en la anguila, una de las bases de la dieta local. El impacto de la catástrofe se transforma así en una espera indefinida dentro del cúmulo de desgracias que, para muchos japoneses, comenzó el 11 de marzo.  View full article »

Plutonio. © Copyright 2011 Los Alamos National Security, LLC All rights reserved

Entre las inquietantes noticias procedentes de Japón, tras el terremoto y el tsunami, prevalecen las que se refieren al accidente nuclear de Fukushima. La Humanidad asiste asombrada a lo que recuerda, aunque sea sólo en parte, a la catástrofe de Chernóbil.

En el actual accidente en cadena, al menos cinco reactores nucleares se encuentran gravemente dañados y alguno de ellos ha emitido importantes cantidades de isótopos radiactivos. Pero de todos ellos, el número 3, que utiliza plutonio, es el que más preocupa.

Para entender el problema particular del plutonio hay que remontarse a su mismo origen. No se trata de un elemento, a diferencia del uranio, obtenido tras pacientes extracciones mineras, sino que se fabrica a partir del uranio. Su primer uso fue militar, y la gran bomba de Nagasaki, mucho más mortífera que la de Hiroshima, contenía plutonio.

Para que una bomba atómica estalle se precisa de un potente detonador, la fisión del átomo solo se produce en esas circunstancias. En algunas centrales nucleares se usa plutonio por la gran facilidad que se puede someter a fisión. Con el reactor parado, como es el caso de los de Fukushima, lo que parece que va a suceder y hay quien piensa que es inevitable, es que al final violentos incendios elevarán a la atmósfera diversos isótopos radiactivos ya generados y contenidos en la vasija del combustible, y el propio plutonio, pero no se producirá la propia fisión del plutonio. La fisión es la ruptura en cadena del átomo en progenies de diversos isótopos radiactivos.  View full article »

Central nuclear de Fukushima, tras la explosión. Foto de DigitalGlobe-Imagery

Sumidos en plena incertidumbre por el futuro de las tres centrales nucleares de Fukushima y en medio de la oportunidad o no de abrir un debate sobre la energía nuclear y su seguridad, las matemáticas nos dan la certeza de que cualquier sistema complejo fallará en algún momento.

Los sucesos con baja probabilidad ocurren si la frecuencia es suficiente. Y las nucleares alguna vez fallarán, así que en la esencia del debate nuclear está en asumir o no si la humanidad está dispuesta a pagar cáncer por energía (que en la actualidad se asimila a progreso o estándar de vida occidental).

Aunque ahora parece que toca minimizar el problema, o por lo menos no hacer discursos alarmistas, no debemos olvidar que el riesgo nuclear es global. Si al final se confirma la catástrofe de Fukushima, sin duda los que pagarán el mayor precio son los japoneses, y cuanto más cerca de la central peor.  View full article »